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lunes, 29 de septiembre de 2014

Grupo de apoyo a personas en situación de “Despertar trascendente”


Grupo de apoyo a personas en situación de “Despertar trascendente”

“Despierta o emerge algo desconcertante desde lo más profundo del Ser”



     Amigos, no se puede negar de ningún modo que el Ser Humano es un proceso incesante de auto realización, y que, con solo un ligero bloqueo de este proceso, este deviene insatisfactorio.

     El sentimiento de ser incompleto es una motivación y un motor en el deseo de auto realizarse; pero la auto realización y la plenitud nunca manifiestan plena satisfacción. Siempre hay un horizonte al que anhelar.
     Hay personas que persiguen la auto realización incluyendo en ello su aspiración trascendente, espiritual; y saben del enorme esfuerzo que se requiere para tal avance. Para ellos no es este grupo.

     Sin embargo hay otras personas que espontáneamente son sorprendidos por emergencias o despertares que proceden de ámbitos muy profundos del Ser; que, con estos despertares, todo su mundo hasta ahora concebido se tambalea o derrumba. Entran en crisis de identidad, de sentido de la vida, de interpretación de la misma. Advierten que la intuición y la perceptibilidad se incrementan y aparecen novedosas visiones, a veces inquietantes, de otro sentido de realidad. Después esta explosión de luz se retira y sin poder negar el esplendor vivido, ya no pueden regresar a la situación precedente. Entonces se sienten confusos, irreales, faltos de vitalidad, con una tristeza de tipo existencial, se genera apatía y astenia (no poder hacer nada). Cuando preocupados por su estado a-normal acuden a sus médicos, estos, al advertir el aspecto ideacional incrementado, malinterpretan visiones intuitivas con ilusiones y alucinaciones. Consideran que ese cuestionamiento contradictorio existencial y de valores es un substrato delirante; que la desgana y tristeza y dolor es una astenia y depresión; consideran que todo ello configura un cuadro de patología mental y no la presencia de una potente crisis existencial por un despertar trascendente. Si en este cuadro te ves reflejado, éste grupo es para ti. En él podrás recibir apoyo y recursos para progresar en tu proceso de despertar o emerger de lo trascendente.

     Estamos habituados a las patologías clínicas tal y como se perfilan en el DSM de psiquiatría actual. Pero no estamos al corriente de las meta patologías que acontecen o pueden acontecer a la persona que aborda la auto realización trascendente, sea voluntariamente o como despertar súbito.

      He aquí un listado ilustrativo: Incredulidad, desconfianza, nihilismo, desasosiego, infelicidad esencial, desolación, sensación de que el mundo se desintegra, angustia por fuerte polaridad ética, pérdida de emociones, vacío vivencial, crisis de identidad, pérdida del sentido del Yo, vivencia de caos personal, vivencia de que la seguridad personal se pierde, sentir que el mundo es injusto y uno asimismo lo es, sentimiento frecuente de estar vigilante o controlador, sensación de que todo es muy complicado, confuso, sin perspectiva ni orientación; desinterés aparente por el mundo, depresión, malestar profundo, torpeza, fatiga, rigidez; sentimientos lúgubres, perdida o disminución de capacidad de goce, tendencia a hacerse dependiente de otros o propensión a dependencias varias ( riesgo de adicciones y socio adicciones); percibir que la vida no tiene sentido, desesperación e ideas suicidas. El contexto mental de todo esto crea un campo de tipo deliroide y las intuiciones, imágenes creadas y visiones pueden confundirse con ilusiones y alucinaciones. 



Información: Cepsi.    Telf. 93 386 31 12.     Plaça Montserrat Roig 5 Baixos 1ª de Sta. Coloma de Gramenet  08921


El grupo se realiza todos los viernes a las 19:30H.,

domingo, 21 de septiembre de 2014

Sobre la sofisticación sexual en Bioenergética y Ontoenergética


Sobre la sofisticación sexual en Bioenergética y Ontoenergética

     En un escrito anterior me ocupé de las relaciones entre las pulsiones instintivas y lo existencial en el que los procesos yoicos juegan un papel fundamental.

     En el ámbito de la sexualidad humana, el contenido pulsional instintivo es lo más relevante unido a un vigoroso y sano predominio yoico; por ello el comportamiento humano en cualquiera de sus aspectos no puede quedar separado de su personalidad.

     He sostenido muchas veces que los tres aspectos de la manifestación de la vida en el humano son: Amor, Acción y Conocimiento. No hay aspecto en la personalidad saludable en el que los tres aspectos no se den. Se da tanto en el ámbito pulsional, en el yoico y el  existencial. La sexualidad es el mejor exponente de este fenómeno. No olvidemos que la sexualidad además de ser constituyente de la personalidad, también la forma (a través de la sexualidad infantil y adolescente) y la modela (mediante las experiencias vividas).

     Desde la salud se puede afirmar sin riesgo de errar que en la sexualidad se manifiesta el pleno amor, que la manifestación de sus sentimientos mueve a acciones con un poder formidable y que, con todo ello, constituye un vasto conjunto de experiencias que se registran y constituyen saber.


     Tratar de entender lo que es la satisfacción sexual implica considerar lo dicho y darse cuenta de que se trata de un complejo mosaico de múltiples satisfacciones que implican todos los aspectos de la personalidad. Pretender que la satisfacción sexual se puede obtener a través de información y de la práctica de técnicas sexuales es un reduccionismo. Cada ser humano realiza su propia satisfacción sexual pues es una experiencia del conjunto de su personalidad en relación con otra. Reducirla a una práctica de técnicas es una de las manifestaciones de reducir al ser humano a un mero objeto mecánico con disposición a manipulación y programación. La entrega sexual es un producto dinámico de una forma de entender y manifestar la propia integridad de la vida, y entonces es una experiencia sana y madura. De igual modo los problemas emocionales se manifiestan en el modo de experienciar la sexualidad y los problemas que acontezcan de índole sexual reflejan problemáticas emocionales.

    De acuerdo con esto muchos procederes de los abordajes sexológicos, en su intervención, adolecen de este reduccionismo; considerando al ser humano como un objeto programable en sí mismo y con sus relaciones. Así, desde una opción orientada al tratamiento de dificultades y problemas sexuales, se puede contribuir, de modo más o menos consciente, al asentamiento y promoción de la sofisticación sexual alentando una notable confusión: el reunir en un mismo paquete la sofisticación  sexual y la madurez sexual.


     Desde la bioenergética se hace imprescindible distinguirlo y deshacer esta confusión a veces deliberada. Ya A. Lowen lo planteaba en su libro Amor y Orgasmo, diciendo que la sofisticación sexual se manifiesta sobre todo en las actitudes hacia: 1º) el acto sexual, 2º) la masturbación y 3º) el cuerpo. Tres aspectos que siguen plenamente vigentes en la actual bioenergética. Lowen nos dice que la persona sofisticada entiende el acto sexual como una actuación escénica, y no como la expresión de sentimientos hacia su pareja sexual. La persona sofisticada sexualmente considera que hacer el amor es una manifestación victoriosa del ego, mientras que la masturbación es una derrota.

     El enfatizar en los valores o creencias egóticas de la sexualidad constituye una racionalización de la falta de adecuación sexual y elimina la conciencia de sentimientos de culpabilidad sexual. Ahora lo iré explicando.

     La actitud sofisticada considera la personalidad como idéntica a la mente e ignora el papel del cuerpo y de sus procesos físicos como determinantes del comportamiento y la respuesta humana. Así ignora que el conjunto de tensiones inhiben o dificultan la función respiratoria y con ello la producción de sentimientos sexuales, el contacto con ellos y su expresión. La sexología al servicio de la sofisticación sexual considera que lo que se experimenta como dificultades, problemas o insatisfacciones sexuales son algo puramente psíquico y, por ello, cognitivo y conductual.


   La persona sexualmente sofisticada aparece como libre de la culpabilidad, pero es algo aparente. Es una persona ilustrada en la variedad de posturas, prácticas, instrumentos y técnicas. Tiene una actitud de tipo abierta, desinhibida y, en ocasiones, ambigua y laxa acerca de lo que es considerado normal y lo considerado perverso; para este tipo de personas es un valor la falta de inhibiciones y de restricción en el comportamiento sexual. En nuestra época de internet tiene acceso, consume, participa, aporta e incluso comparte mucha información acerca de literatura, imágenes, prácticas e incluso experiencias sexuales. Se cree poseer conocimientos, incluso científicos, de la sexualidad. Esta persona puede ser crítico y mostrar desaprobación e incomprensión hacia otras gentes con posicionamientos diferentes a los suyos considerándolos anticuados o mojigatos. Aún con ello, a veces, su desempeño sexual le traición y entonces siente que fracasa ocasionándole un conflicto interior, lo que puede conducirle a consultar profesionales. Y esto concierne tanto a hombres como a mujeres.

     Él puede no conseguir la erección, el perderla al poco o sufrir una eyaculación precoz, en ocasiones el control eyaculatorio es tan firme que lo que le preocupa es el no poder eyacular. Y precisamente por efecto de estas ansiedades y temores es por lo que con mayor probabilidad puede acontecer. En la mujer, a parte de la dificultad de lubricación vaginal, el temor se centra en el no poder alcanzar el clímax y mucho menos el orgasmo.

    Todas estas manifestaciones no deseadas ocasionalmente acontecen en todas y todos debido a que las situaciones estresantes, afectivas y emocionales influyen directamente en el desempeño sexual; al ser la sexualidad una expresión plena del estado de la personalidad en un momento vivencial y experiencial dado. Y el hecho de que puedan presentarse ocasionalmente en episodios de crisis personales o situaciones estresantes, preocupantes y dolorosas no entraña nada anómalo. Lo propio de los aquejados de sofisticación sexual es que tales fenómenos son considerados como un fracaso personal, lo que permite apreciar el alto grado de ego implicado y de que en vez de ser un encuentro vivencial, se muestra como una actuación o representación sexual.


     El individuo o la pareja sofisticada representan o actúan sexualmente, son actores y con ello manifiestan sus intereses y prestigio como ejecutores de un guion, sea manifiesto o latente; algunas veces combinado con algunas drogas, entre las que suele figurar el alcohol en cantidades moderadas.


     En toda representación o actuación, sea en su aspecto publico o íntimo, siempre hay una variable que es la “observación”. No puede darse representación si no hay alguien que “observe” la actuación a fin de valorarla críticamente. El “observador” no tiene que ser necesariamente un publico en directo, puede ser en diferido mediante la comunicación de los hechos relevantes y, sobretodo, el propio sujeto actuante disociándose en actor y observador de la representación. El aspecto de la autocrítica tiene como objeto el alabar y exaltar los recursos y habilidades del actor, pero a veces los juicios y criticas se encaminan al reproche, la ineficiencia y, consecuentemente, al fracaso.

     Cuando en nuestra vida cotidiana realizamos una conducta, comúnmente es espontánea; pero en ocasiones, cuando esta sujeta a evaluación social, adquiere aspectos de representación como formas, modales, adecuación a las expectativas o contexto; tratando de evitar críticas y obtener aprobación y/o aceptación. Esto nos sirve de ejemplo. Ya no importa el placer de la espontaneidad y libertad, sino el autodominio y la adecuación al contexto. El placer y el deseo gozoso ha desaparecido dando lugar a un tipo de trabajo escénico que trata de obtener un fin público.

     La sexualidad es algo íntimo, privado; pero si se ejecuta con el fin de impresionar a un “observador” se convierte en actuación o representación y entonces queda sujeta a criterios de evaluación. Digamos que lo subjetivo cede ante el intento de objetivizar el acto. El gozo, el placer, el sentimiento, el amor y la mutua entrega son aspectos subjetivos del encuentro sexual saludable. Es una experiencia libre, espontanea, gozosa, afectiva y feliz. La experiencia o encuentro sexual se convierte en representación cuando trata de impresionar satisfaciendo a la pareja y no el compartir los sentimientos. Es representación cuando la satisfacción del otro es algo más importante que el propio gozo, deseos y necesidades. De este modo el disponer de ingente información y recursos propios y técnicas para producir excitación y placer e el otro/a es más importante que la propia relación sexual.


     La búsqueda de proezas sexuales, de maniobras y recursos diversos que acentúen la excitación y la lujuria tienen como objetivo satisfacer la necesidad de impresionar a los otros y al sí mismo, alardeando de esta evidente sofisticación de recursos. Evidentemente se trata de una compulsión y puede conducir a una adicción.


    Esto es así dado que el incentivo de impresionar a uno mismo y al otro/a es el de cada vez superarse. Si la práctica se mantiene en un mismo grado de intensidad pierde su poder, se convierte en monótono e insustancial y el individuo no puede satisfacer su fin de impresionar. Así, pues, o se cambia frecuentemente de compañero/a o se tiene que innovar técnicamente aportando mayores aspectos pretendidamente excitantes produciéndose así una incesante sofisticación que puede conducir a posicionamientos peligrosos para los atletas sexuales y situarlos en los límites de lo delictivo. Sea como fuere, a mayor apuesta excitatoria y sofisticada, mayor riesgo de fracaso y mayor temor al mismo. Y cuando esto ocurre, entonces uno tiene el sentimiento de fracaso aunque la defensa a su frustración le empuje a culpar al otro/a por ello.

     Cuando el desenvolvimiento sexual como representación forma parte de la identidad, aunque se trate de una falsa identidad, el deseo hacia la sexualidad no parte del sentimiento y el deseo físico; sino de la autoafirmación egótica. Es comparable, en algunos aspectos, a la anorexia y la bulimia. La angustia y ansiedad ligada a la imagen que se tiene de sí hace que la persona se dañe a sí misma por inaceptación. Se trata de una pseudo identidad egótica a la que se aspira junto a un desprecio por falta de contacto con la genuina identidad.

     Perseguir una imagen idealizada es lo buscado y no el vivir gozosamente en la realidad psico-corporal.

     La disociación de mente y cuerpo está asentada y ambos aspectos pugnan entre sí sin tregua. El objetivo es amoldar el cuerpo a la imaginería mental; el cuerpo va renunciando a sus sensaciones, sentimientos y salud para adecuarse. Como la mente se asienta necesariamente en la dimensión somática, está condenada al fracaso y al sufrimiento, a la angustia, a la ansiedad y a la depresión. El cuerpo resulta forzado y se debilita acercándose a la enfermedad e incluso al confín de la muerte.

     ¿De dónde procede esta inadecuación? ¿Cuál es la etiología de esta situación problemática?

     La respuesta es plenamente personal. Está íntimamente ligada a los sentimientos y vivencias que le han apartado de gozar de su integración psicosomática. El híper desarrollo del ego al sentir ineficiente el propio yo. Cuando los sentimientos ligados a los deseos corporales son cuestionados, considerados inoportunos o no aceptables, no respetados, no reconocidos y no atendidos, es cuando el esfuerzo de obtener aceptación, respeto, reconocimiento, atención y aprecio se desplaza al terreno egótico. Ello nos conduce a unas condiciones edípicas mal resueltas, a aspectos evolutivos psico-afectivos constituyentes de la estructura defensiva caracterial frente a la personalidad que, en proporción inversa, disminuye al aumentar la estructura caracterial.

     El cómo expresa y manifiesta una persona su sexualidad, sus sentimientos y vivencias sexuales está necesariamente unido a su personalidad; y a la aplicación de técnicas y procedimientos que esquiven el contacto con la realidad somato-psíquica propia (personalidad) no resolverán la problemática en el ámbito subyacente, siendo la posible mejora un aspecto añadido de representación sexual y obligando a una sustitución de la sintomatología sexual a otro aspecto de su vida y personalidad; salvo en las situaciones leves en las que el propio placereado y mejoras de comunicación psicoafectiva posibilite la toma de consciencia y favorezca que los sentimientos sexuales y corporales puedan reactivarse naturalmente.

     Mientras la actitud sexual albergue ansiedades, hostilidades y sentimientos de culpabilidad en forma latente o podrá manifestarse una sexualidad sana autorregulada; y aparecerá como contraparte la tendencia hacia la representación con la consecuente sofisticación sexual.

     En este aspecto vemos claramente que nuestra cultura y sociedad actual está irremediablemente entretejida con este aspecto de imagen o representación de la sexualidad. El erotismo comercial y la pornografía hunden sus raíces y tentáculos en todo ello. Incluso la comercialización y el deseo de consumo de artículos aparentemente desligados de lo sexual están influidos por sugerencias, invitaciones y analogías de tipo erótico o sexual.

     Por doquier y constantemente nos llegan representaciones y actuaciones de tipo sexual; aunque, claro está, no es ni mucho menos la única faceta en la que se manifiesta. Se da la constatación de que nuestro mundo “occidental” entiende el control cultural, social, político y económico como una puesta en escena que incluye infinidad de aspectos. La propia propaganda y publicidad se ocupa básicamente de ello; con todo se pretende crear imágenes y discursos que respondan a un guión y escenario de estrategias y representaciones. Las nuevas tecnologías de imagen y comunicación crean una imaginería global en la que se representan y actúan aquello que se desea promover como ideología y consumo. Todo este aspecto, por sí mismo, exige un estudio y apartado concienzudo, pero no es el momento oportuno.

     Hasta no hace muchas décadas, la conciencia de las personas influidas por dogmas religiosos y de la cultura represora consideraba una problemática el que un individuo no pudiera contener sus deseos y su actividad sexual. El que tuviera problemas en controlar el poder de su libido le hacía sentir que fracasaba como persona. Ahora, esta actividad nos resulta ridícula y mojigata. En especial en lo concerniente a la sofisticación sexual. Esto me incita a plantearme una pregunta: ¿Realmente se ha dado una revolución en este sentido a lo largo de unas décadas? Me respondo que se ha modificado el enfoque, que se ha desplazado la sintomatología, pero que esencialmente no ha habido cambios contundentes. El conflicto se ha confinado en un estrato más profundo de la personalidad; ya no es tan aparente y manifiesto; pero sigue dándose.

    Más arriba he dicho que lo que determina el aspecto de la sofisticación sexual es vivir la relación como actuación o representación en la cual los propios sentimientos sexuales son sustituidos por el juicio de la representación, sea en auto elogiarse por destreza y prácticas y/o por la necesidad de satisfacer al compañero/a en el encuentro. Vemos que se da una represión que no es de la parte formal y técnica de la sexualidad, sino del sentimiento ligado a la manifestación del Yo saludable.

    Antes se pretendía reprimir el imperioso impulso sexual ligado a lo pecaminoso y reprobatorio en el ámbito social (siempre con una doble vara de medir, ya se tratara de hombres  o mujeres). Los prostíbulos eran instituciones toleradas hipócritamente. La mujer decente debía ser casta y pura salvo para cumplir con su deber conyugal.

    Un aspecto que creo es importante a considerar en este punto es el factor que juega la masturbación en todo este asunto que nos ocupa. Si hace décadas todo cuanto tenía que ver con la “carne” era pecado; y lo único aceptado era el coito conyugal con la finalidad de procrear; el aspecto de satisfacerse y proporcionarse placer y descarga sexual mediante la masturbación era también condenado. Era, como ha sido siempre, la práctica habitual en niños, púberes y adolescentes; y el desahogo de aquellos/as que, por no constituir pareja o familia, no podían satisfacer sus pulsiones por otros medios igualmente pecaminosos. La moral sexual condenaba tales prácticas, pero era condescendiente en ciertas circunstancias. Esta moral era brutal respecto a la homosexualidad. El que poco a poco los homosexuales abandonaras la clandestinidad y se manifestaran exigiendo su libertad en el terreno personal y civil, exigió una respuesta moral social y se empezó a cambiar el significado de lo relacionado con la masturbación. Masturbarse era tener relaciones sexuales consigo mismo y, por ello, se asoció con que disminuía la propia virilidad y sana feminidad aproximándose a la homosexualidad. En una mezquina manipulación de la sexología, se describían los presuntos problemas asociados a la práctica de lo que se denominaba “el vicio solitario”. Si el coito era el recurso “natural” adulto en el seno conyugal, la masturbación propia era algo inmaduro por edad y mentalidad si se realizaba en solitario, pero asimismo era una práctica habitual entre los homosexuales, junto a otras aún más reprobables.

    Esta actitud sospechosa acerca de los nuevos juicios y creencias acerca de la masturbación, de un modo sutil fue extendiéndose en la cultura y socialización y ¡cómo no! En parte importante de la cultura familiar y de las consecuentes preocupaciones de los padres respecto a sus hijas/os. Así se fue incorporando el aspecto de la dinámica psico-afectiva  de la familia y añadiéndose a la situación pre-edípica y edípica. La evolución tecnificada familiar que ya exigía muchas horas de convivencia en el hogar intensificaba los sentimientos y emociones edípicas; recordemos que antaño los niños desaparecían de los hogares y tan solo aparecían para satisfacer necesidades de alimentación y sueño; todo lo demás se satisfacía en la pandilla con su enorme poder socializador.

    Cuando el urbanismo rompió con los campos y descampados y el tráfico de vehículos hizo peligroso el jugar en las calles, los niños se vieron obligados a permanecer más y más tiempo en los hogares acentuándose el efecto de la condición edípica y sus subyacentes conflictos entre los padres. El control sobre las prácticas indeseables en los hijos se convirtió en motivo de preocupación de los padres. Y contribuyó en crear un aspecto perturbador y generador de culpabilidad sexual.

    El incremento de sentimientos y relaciones edípicas junto al esfuerzo de contener y reprimir estos sentimientos en los niños y púberes ha creado un substrato importante que da explicación a aspectos relacionados con la actual sexualidad y, en concreto, con la temática de la sofisticación sexual. En un contexto de control de la sexualidad infantil por parte de los padres unido a una manipulación de los sentimientos asociados se crea una intensa problemática edípica en la que la excitación sexual unida a deseos libinidales y alianzas de lealtades conflictivas impone al niño/a un gran esfuerzo de dominio y represión. El problema es que la sobreexcitación libinidal conflictiva impulsa a excitaciones intensas que se liberan en las prácticas masturbatorias, pero están asociadas a angustia y culpabilidad y el niño/a trata de controlar sus actividades masturbatorias. Entonces el masturbarse se convierte en un fracaso de la voluntad, de la autodisciplina. Más tarde, al ilustrarse, llega a la conclusión de que la masturbación es algo inocuo, pero sí ligada a insuficiencia de su identidad, a su autodominio. Y aquí tenemos el substrato importante sobre el que se erige la sofisticación sexual. El que los sentimientos sexuales deben estar sujetos a  control y dominio; que se considera un fracaso el entregarse a ellos asociándose a ansiedad y culpabilidad. No queda más que generalizarlo a continuación a cualquier ocasión en que éstos puedan acontecer. La información técnica y de recursos pasa a compensar y sobreponerse a la ansiedad que producen estos sentimientos.

     Ya podemos ver que la represión, a pesar de las décadas, sigue presente aunque ahora en un ámbito más profundo. Actualmente no se reprime la conducta de ceder a la “carne”, sino todas aquellas sensaciones y sentimientos que van ligados a la sexualidad, desde el más próximo a uno mismo, la masturbación, y con estas palabras sugiero el último aspecto concerniente a la masturbación y es que, como ya he dicho en anterioridad, masturbarse es tener relaciones sexuales con uno mismo y, con ello, muestra y manifiesta el amor, la sensibilidad y el placer a uno/a mismo/a.

    Aunque la masturbación palidece ante la sexualidad compartida, no pierde su significado, dado que significa asimismo una ocasión para encontrarse consigo mismo, con todo cuanto puede contener esta expresión “Encuentro consigo mismo”.

    ¿Qué significa desde el punto de vista vivencial encontrarse consigo mismo? Desde mi punto de vista significa que la consciencia abarca todo mi organismo como una unidad inseparable, íntegra. Donde mis sensaciones, mis sentimientos, mis emociones, mis deseos y mi pensamiento configuran una única realidad plena de vibración y vida. La persona herida, sea o no sofisticada, no puede afirmar este punto de vista; y si lo hace sólo lo hará en teoría dado que tiene aspectos de contacto  con su realidad somática bloqueados por el dolor, el miedo y la angustia. En bioenergética hablamos de la coraza caracterial y de su función defensiva frente al mundo (todo lo que me rodea y con lo que estoy en relación) y en el mundo interior (aquello que me oculto y niego de mi mismo como inaceptable). Así la coraza me defiende del mundo externo y del mundo interno. ¿Qué me queda entonces? Queda la interpretación del mundo desde mi mente y la creación de una imagen o ideal de mí que no se ajusta a lo que espontáneamente manifiesto de mí. Lo que queda entonces es una creación mental interpretativa de la realidad tanto fuera como dentro de uno mismo, es decir el ego, el yo mental, disociado del cuerpo.

     La expresividad del cuerpo ya sabemos que puede ser espontánea y aprendida, se manifiesta a través de la movilidad y la motilidad; la aprendida, análoga a la sofisticación, solo puede interpretarse, representarse durante el tiempo de actuación dejando aflorar después su verdad. La expresividad espontánea sana es vibración y gracia en los gestos y movimientos manifestando la excitación interna en sus sentimientos y acciones sin rigidez alguna y con armonía.

     Qué decir tiene que cuanto más en contacto se esté con la libertad y espontaneidad del cuerpo, mejor será la vivencia de la entrega sexual. Los sentimientos sexuales fluyen desde el núcleo de la personalidad y fluyen por los órganos y tejidos manifestando el placer y el gozo, la expansión y el amor.

    La coraza bloquea el contacto, la producción y expresión de las sensaciones, sentimientos y acciones sometiéndolas a los dictados interpretativos de la mente. Se traba la mandíbula, se bloquea la garganta, la piel palidece, los ojos se apagan o muestran dureza e insensibilidad cuando no temor o solicitud de apoyo. La respiración se bloquea y fragmenta o se hace superficial y se agita, impidiendo la suficiente oxigenación del organismo para producir sentimientos. La espalda se contrae, endurece inflexiblemente o pierde su capacidad de soporte. La pelvis se contrae por delante y por fuera inmovilizándose, apretándola o bloqueándola interfiriendo con la entrega a las oleadas de excitación y sentimientos sexuales. Las piernas y pies se ponen rígidos y pierden arraigo imposibilitando la seguridad y confianza en uno mismo.

    La entrega a los sentimientos y a la experiencia amorosa queda reducida y en su lugar toma posesión los requerimientos del ego, la representación de lo que se considera que es la sexualidad sea como representación de las propias destrezas y técnicas, sea como la necesidad de complacer y satisfacer al compañero/a.

    El cuerpo sano manifiesta su vitalidad en sus expresiones y acciones, vitalidad es la cualidad vibratoria del conjunto de las células, tejidos y órganos manifestando el bienestar y el gozo de vivir confiriendo plenitud y gracia al porte y a los movimientos que resultan expresiones de genuinos sentimientos y no actos rígidos programados. El cuerpo sano reconoce su estado y se auto regula sabiendo qué necesita en cada momento. No se agota al estar en contacto intimo consigo mismo y cuando se expresa lo hace de forma expansiva manifestando el gozo de vivir. El cuerpo sometido al ego, a la mente, pierde contacto con sus deseos y sensaciones, hace más de lo que le permite su estado e ignorando el cansancio fuerza el cuerpo insensibilizado hacia la fatiga que se puede hacer crónica. Considerar el cuerpo como un instrumento de la mente, como un mecanismo que se usa, es lo propio de cualquier estructura caracterial y cuando se produce en el ámbito de la sexualidad, entonces se actúa con el cuerpo, se representa con él lo que cree debe ser la sexualidad como acción y relación. La persona sofisticada sexualmente no se hace consciente de que los sentimientos y las emociones tienen su origen en las funciones y necesidades del cuerpo siendo la manifestación de su propia vida. Pierde el contacto con el cuerpo y trata que éste se adecue a los requerimientos de su mente, a su modo de interpretar el mundo relacional; se puede decir que en la persona que aborda así la sexualidad, la propia sexualidad se encuentra en su cabeza, lo que la coloca en una situación de no-realidad, ilusoria y egotista por lo menos.

     Aunque la persona sofisticada sexualmente parecer, como imagen, una persona abierta sexualmente y liberada; se haya muy lejos de la madurez.

      La persona abierta sexualmente sana y madura no interpreta, su expresión sexual es la expresión de sus sentimientos; no teme fracasar porque está en contacto con sus circunstancias, tampoco se exige un grado de desenvoltura porque no actúa y, cada encuentro es una vivencia. No se juzga ni juzga valorando en términos de perfección o fracaso porque siente y vive y no representa. En general la persona sana no distingue entre el gozo de vivir y el gozo de amar, ambos aspectos son una misma realidad y se entrega a los aconteceres de su vida, sean los que sean con entusiasmo y asombro.

"Gozo de vivir, gozo de amar, amar la vida. Todo es lo mismo"


 (Escrito en Agosto de  2014)


Ernesto Cabeza Salamó



sábado, 26 de julio de 2014

Encuentro de las pulsiones instintivas con las existenciales



Encuentro de las pulsiones instintivas con las existenciales

     El pulso de la vida se manifiesta en tres vertientes: el amor, la acción y el conocimiento. Las tres se proyectan desde su núcleo esencial; el ámbito existencial y el ámbito instintivo. Ambos aspectos resultan complementarios y están al servicio de la vida humana. Uno arraigado en la propia expresión viva como información que garantiza la vida tanto en el ámbito de preservación de la propia vida como en la continuidad de la especie. El pulso instintivo sexual y de supervivencia. Está inscrito en lo genético, en la información necesaria que se transmite por herencia de generación a generación.

    El otro aspecto antitético, complementario, el existencial, reside en lo profundo del Ser, en el ámbito de la consciencia con su desarrollo, para lo cual precisa de apoyo social en la expresión cada vez más palpable del potencial humano manifestándose en la sociedad humana.


   La herencia cultural rompe con esta complementariedad mediante una oposición y pugna promovida. La tradición llamada “judeo-cristiana” ha condenado a la Naturaleza en un ámbito inferior, con la función de ser objeto de dominio y explotación en todo su conjunto por parte de un ser creado “ex profeso” por Dios para señorear sobre el resto de la creación. Entonces todo cuanto no es “hombre” queda convertido en algo puramente objetual (incluida la mujer que es un subproducto del hombre según el mito de la creación de Eva). Esta concepción está en pleno contraste con la mayoría de las tradiciones paganas que admitían e incluso propugnaban que la sustancia divina creadora asimismo se manifiesta en la Naturaleza y todas sus manifestaciones, tanto inorgánicas como orgánicas. Lo que denominamos la historia antigua oficial consiste en una lucha permanente entre las versiones de la tradición judeo-cristiana-islámica contra el paganismo, especialmente por su aspecto politeísta. Creándose la noción de infierno, no como el de los paganos que es un lugar metafísico en el mundo espiritual o de ultratumba, sino como lugar de condena y suplicio eterno para los que agravian los dictados de Dios a través del clero, su mediador. La correspondencia de un único dios absoluto con un sacerdocio al servicio de sus “dictados” y una clase dirigente de tipo teocrático elegido por decreto divino creó un modelo de vida que se enfrentaba plenamente con el aspecto instintivo tanto como supervivencia individual como de especie, al tratar de bloquear los sentimientos que surgen del deseo y la sensación de pertenencia a la Naturaleza entendida como diosa o Gran Madre de la vida. La lucha despiadada por la posesión y explotación de la Naturaleza llevada a cabo por caudillos leales a un único dios masculino codujo a la negación del potencial femenino tanto en la mujer como en el propio hombre. Animus y Ánima fueron separados y Ánima sufrió condenación en el confinamiento del ámbito infernal de castigo, siendo tan sólo aceptado su aspecto totalmente sublimado como amor y devoción abnegada a Dios en la beatitud y la santidad, que suponía el triunfo total sobre la bárbara influencia del instinto, siempre favorecido por la fuerza maligna definida como demonios y su gran jefe supremo o Satanás.


     Así las fuerzas instintivas o se dignificaban al servicio del dios y de los gobernantes, o eran condenables por las leyes humanas y divinas. Aún quedan vestigios aterradores de esta práctica sistemáticamente dirigidas hacia el mundo de la mujer en su aspecto principal de la moral sexual y de su libertad, el derecho a ser ella misma.

Manifestación 8 de Marzo
    Aun no dándose comúnmente estos aspectos radicales fanáticos hoy en día, la lucha contra lo femenino es secular en nuestra civilización y prueba de ello es la incansable lucha y esfuerzo del feminismo en pro de que la mujer ocupe su plena dignidad e identidad; y claramente tenemos los efectos de tal contienda en las ambivalentes legislaciones acerca de los derechos sociales y sexuales-reproductivos del mundo de la mujer y, sobretodo, el aspecto de que ésta sigue siendo el centro de interés de actividades económicas muy lucrativas como las modas, la prostitución y la pornografía como los más destacados.

     Esta contienda milenaria ha penetrado en todas las fibras que componen nuestra cultura; y si no lo advertimos es por su influencia  en muchas creencias que aún ocupan estatus de valores y escapan al abordaje crítico y objetivo. La familia como institución socioeconómica y base de la sociedad es un claro ejemplo. Con ello no me refiero a la convivencia amorosa de dos adultos atendiendo y cuidando de sus hijos,  sino a la condición contractual y, por tanto económica, del enlace matrimonial. No es tanto una libre unión basada en el amor y la igualdad sino una institución de poder que, además de aportar nuevas generaciones, les infunde los valores y creencias seculares aunque se autodeclaren laicos, agnósticos o ateos.


   El aspecto más patológico de la institución familiar es la manifestación de la lucha de poder entre lo masculino y lo femenino y este conflicto mediatiza todo lo demás.

     Se reproduce la lucha ancestral en un mundo vivencial, aquí se manifiestan los conflictos internos de los cónyuges entre su parte animus y ánima; aquí se exhiben las heridas sufridas por la anterior generación en cada uno de sus miembros y cómo, éstos atrapados en sus conflictos, los proyectan al otro/a  creando conflicto en vez de armonía. Generando un medio único donde generar un carácter y una situación edípica en los hijos que, a su vez, dará lugar a los conflictos neuróticos y que influirán cuando estos, a su vez, generen otra institución familiar.

    Por ello la problemática edípica es el resultado de esta lucha tan propia de la cultura que denominamos “judeo-cristiana” que ha extendido sus raíces hegemónicas y colonialistas por todo el mundo.

     Es el desarrollo del conflicto edípico lo que hace que las jóvenes generaciones rompan la complementariedad de instinto y consciencia a través de la creación de una estructura mental que trata de  negar lo primero y confinar a lo segundo en unos estrechos límites que la hacen inoperativa.


     Sólo la consciencia sondeando intrépidamente en el cuerpo, dándose cuenta de los maravillosos sentimientos que en este se producen, puede expandir al individuo mucho más allá de los dictados de la información fijada genéticamente y modificarla para la siguiente generación. Lo que hay en los genes es información y ésta se conforma en la interacción de la vida con el ambiente, por ello está sujeta a cambios adaptativos constituyendo progresivamente a la evolución.

     La estructura mental polariza entre lo racional y lo irracional, lo primero se aplaude y refuerza, lo segundo se combate y controla; pero cuanto más control se ejerce desde el imperio de lo racional, más vigor adquiere lo irracional constituyendo una peligrosa amenaza. La consciencia disuelve el conflicto al asentarse en un territorio a-racional, libre de conflicto.

     La dimensión instintiva humana, pulsional, inseparable de nuestra vivencia corporal, de nuestro Yo, manifiesta diferencias comparado con lo instintivo de otras especies animales. En el animal humano, debido a la inmensidad de conexiones neuronales en el cerebro, sus pulsiones aparecen como sensaciones y sentimientos. Su origen es inevitable, pero su conducción como vitalidad y excitación, y su manifestación como sentimiento, contacto y placer están sujetos a modulaciones, contención y genuina sublimación si se da consciencia corporal; es decir si el Yo está bien conectado sin interferencias egóticas. El darse cuenta de lo que vitalmente aflora como un flujo de vida, la asociación con el estímulo que lo excita y la comprensión de su significado en nuestra personalidad y en la de los otros nos permite unas  posibilidades inmensas de satisfacerlas, canalizarlas y transformarlas o, en su momento, contenerlas a la espera del momento favorable para su liberación; pero no en la obligación de reprimirlas o suprimirlas insensibilizando, creando una defensa caracterial.

     La función de la comunidad, sea pequeña o global es la de crear condiciones en las que los aspectos más básicos de lo instintivo queden resueltos y satisfechos. La seguridad, el cobijo, la alimentación y el cuidado de jóvenes, enfermos y mayores se aseguren. Donde los rigores predatorios de la naturaleza queden en gran parte inoperativos y se permita disponer de mayor tiempo para la socialización y el reparto de tareas para el beneficio mutuo de toda la comunidad. Estando garantizado el cobijo ante las inclemencias climáticas, el estar protegidos de los seres predadores y poder producir los recursos alimentarios suficientes para vivir saludablemente, dan a la comunidad la opción de desarrollar posibilidades inmensas de indagación propia (autoconocimiento), del ámbito exterior (conocimiento, ciencia) y de las relaciones afectivas aplicando a todo ello la creatividad. De aquí proviene el progreso cultural  social. Las tres modalidades de pulsión pueden darse con esplendor. La afectiva, la acción y el conocimiento. Si meditamos sobre ello vemos que el “darse cuenta”, el estar en contacto sensible con los procesos yoicos, muy potentes en los humanos, nos permiten expandir la consciencia abarcando la comprensión y utilización de los recursos ambientales y adentrarse con ella en los no menos misteriosos aspectos de nuestro mundo interior.

      Las sensaciones y sentimientos pulsionales conducen a la expansión de la consciencia y a la obtención de conocimiento. Aquí no hay conflicto alguno entre instinto y ser. Este punto debemos tenerlo muy claro, es un aspecto básico de gran importancia que nos libera de una tradición milenaria negadora de la vida implicada en nuestras creencias y valores culturales. La fuente instintiva es inconsciente en tanto que tiene sus raíces genéticas, pero la excitación de células y tejidos orgánicos son sensaciones y éstas muestran invariablemente sentimientos que, a menos que uno esté insensibilizado por tensiones crónicas caracteriales, alcanzan la consciencia creando bienestar y gozo; que la propia comunidad procura  satisfacer redundando en contacto placentero. En tal caso no hay lugar para la angustia, ni la ansiedad, ni la culpa, ni el miedo. Estos aspectos negativos y hostiles de la propia vida surgen del bloqueo y negación de los sentimientos y sensaciones vitales con las que se manifiestan las pulsiones del mundo instintivo.

      Cuando el “darse cuenta”, el tomar consciencia, de las sensaciones y sentimientos ocurre, todo ese marco de origen instintivo e inconsciente deviene plena consciencia y contacto con nuestro Yo. Se trata de la emergencia desde el núcleo  biológico hacia el aspecto cognitivo del Yo.

       Cuando  a través del Yo, cuando la sensibilidad, la emotividad y la afectividad es la mediadora entre el Yo y el inconsciente, entonces la experiencia de vivir, el sentir el flujo de la vida en el propio Yo, en la dimensión orgánica, abre el contacto a otro aspecto que dormita en el inconsciente; aspecto que se va haciendo consciente a través del Yo. Este aspecto sugiere respuestas a ciertas preguntas de índole filosófica, de índole ontológica. ¿Qué es vivir? ¿Qué sentido tiene mi vida? ¿Qué juega en mi experiencia de vivir la existencia de los demás?, etc. Las respuestas se van madurando en la consciencia, van adquiriendo valor, contenido, significado. Son sensaciones que nacen en la conjunción con el Yo, incrementando su sensación de bienestar, de gozo de vivir; tienen un alto contenido intuitivo y que elaborándose devienen en conocimiento, en saber. Cumple, como indiqué al principio, con las tres vertientes. Amor, acción y conocimiento, pero esta vez vinculados con la creatividad y la transformación. Uno siente una transformación en lo profundo del Ser, se trasciende y aspira contribuir a la transformación del tejido social y cultural; al afán de contribuir al bien común como un acto de amor incondicional le lleva a la acción, a la asociación e intercambio con otros en situaciones parecidas, uniendo o asociando sus motivaciones trascendentes cada vez con amor más incondicional al género humano y a la vida en todo su conjunto y modo de manifestación. Buscando dar mayor integridad y congruencia a lo emergente,  sobreponiéndose y desafiando las contradicciones y las incomprensiones de quienes se sienten amenazados con su vivencia, aún condicionada culturalmente en las creencias y la herencia secular.

      Ello me lleva a considerar nuevos horizontes, de abordar las circunstancias y retos de la transformación yoica y ontológica desde nuevas visiones de: Sexología ontoenergética, ahora emergente. La psicología y su aplicación como psicoterapia a las meta patologías y el acompañamiento en las emergencias transformadoras transpersonales. La epistemología propia de este ámbito cada vez más diferenciado de aquello influido por el condicionamiento de premisas y creencias milenarias negadoras de la libertad, espontaneidad y de la vida como manifestación del bienestar y gozo.  También conduce, como en otros escritos he indicado, a una concepción dinámica e integral de la cultura, de la educación y de la salud. A una nueva edición del enfoque de la historia y a una construcción novedosa de lo que respecta a actos, conocimientos y afectos. Se crea la urdimbre sobre la que tejer un creativo entramado. Una trama, un tapiz, social y cultural en el que pulsión instintiva y despertar de la consciencia se den de la mano en cada persona generando una nueva concepción de humanidad y de interacción con el mundo y el Universo que la rodea, acoge e incita su curiosidad y conocimiento.


Desde el gozo de amar y vivir gestamos una nueva humanidad


Ernesto Cabeza Salamó, a 26 de julio de 2014.



domingo, 29 de junio de 2014

Informe sobre el experimento en adultos de “Activación de la Visión extraocular”




Informe sobre el experimento en adultos de “Activación de la Visión extraocular”


Basado en los estudios del doctor Jacobo Grimberg de “visión extraocular” en niños.

Jacobo Grimberg

     Se trata de un experimento realizado a lo largo de tres meses en un pequeño grupo constituido por 8 personas, del cual dos son hombres y el resto mujeres. Todos adultos con edades comprendidas entre 30 y 60 años. Todos debidamente informados del propósito y dispuestos a colaborar.
     Todas estas personas tienen en común una flexibilidad mental y la práctica de diversos procedimientos meditativos, con experiencias en este campo diversas, desde meditadores con años de experiencia a otros noveles con, a lo sumo, un año de práctica.



     Hay documentos incuestionables de que los niños tienen un potencial apenas explorado de adentrarse en el ámbito de la percepción extrasensorial.

A nuestra vista aparece como inaudita la facilidad que tienen de acceder a ello. Es muy sorprendente el que se pueda mantener en silencio. Jacobo Grimberg en la década de 1980  efectuó unas investigaciones sobre este aspecto llegando a las siguientes conclusiones: “Es posible percibir visualmente sin necesidad de utilizar los ojos. La finura de detalle de la visión extraocular es similar a la visión retiniana igual que su fidelidad, pero sin utilizar la complejidad de las estructuras cerebrales de la visión corriente. Estos niños están más en contacto con ellos mismos. Los niños más seguros adquieren esta destreza con mayor facilidad. Su aparición es súbita como de un salto cuántico. Algunos fenómenos que se presentan a esta destreza incluye la percepción interna de órganos pudiéndose detectar zonas dañadas o enfermas siendo capaces de revertir sus síntomas; el que adquieren cierta capacidad telepática; y por último que, de sostener un cristal de cuarzo, hacen más nítida la visión extraocular”.
Con ello postulé que era posible idear un procedimiento experiencial que estimulara en los adultos el aproximarse a esta destreza extrasensorial. Dando lugar a esta experiencia experimental. No es una investigación científica, pero es todo un experimento piloto en este aspecto. Espero que esta línea de estudio y experimentación no caiga en el olvido y se siga investigando con mayores recursos y medios. 
     El proceso experimental se ha dispuesto en tres etapas de creciente dificultad a lo largo de tres meses consecutivos.

     En la primera etapa se procede a plantear el proceso apropiado que, ami juicio, posibilitaría el establecer unas condiciones oportunas mínimas para que tal manifestación extrasensorial pudiera manifestarse, a saber: Interrumpir el flujo de las rutinas cotidianas propias del hacer adulto, por un lado contando con la intencionalidad de alterarlo; por otro, definiendo un mínimo recurso ritualístico que favorezca un entorno en el cual el espacio-tiempo sea, en consciencia, diferente. El contexto de una sala de meditación con un sencillo altar representando la Sagrada Rueda Medicinal nativo americana, una limpieza ritual por sahumación y una ofrenda ritual de salvia a la Madre Tierra.
En esta fase se hace énfasis en el adiestrarse y adquirir rodaje y pericia de interrumpir el efecto del anclaje en los patrones mentales relacionados con la conciencia ordinaria adulta que, por común acuerdo, denominamos “tonal del tiempo”. Por tal motivo se propone una actividad física de movimiento libre y espontáneo con ojos abiertos que reduzca el condicionamiento de la vida corriente, el situarse en lo que ontoenergéticamente denomino una posición a-racional, el acceder a un ánimo despreocupado y lúdico favoreciendo la curiosidad natural. Todo ello en el transcurso de unos 15 minutos. El contactar con el cuerpo activo, sensible, energético, lúdico y, al tiempo, contactar con un posicionamiento análogo al infantil de observar el mundo con una actitud de curiosidad, de asombro, de expectación y maravilla; abiertos a lo sorpresivo y al impacto de lo novedoso, de lo desconocido, y, por ello, asombroso y maravilloso.
Seguidamente se procedía a vendarse los ojos asegurándose de no percibir el mínimo indicio visual y adentrarse en una actitud meditativa mediante la conexión con los siete centros sutiles, contando con la visualización e intento de sentirlos; le seguía una intensa práctica de respiraciones profundas reparando en ellas, sus pausas y visualizando el centro del entrecejo. El paso siguiente ha sido el meditar sobre el significado y profundidad del ser, cuyo efecto es expandir la consciencia y con ella los límites del espacio-tiempo. Entonces la actividad culminaba en un apoyo mutuo trabajando en pareja, en la que se tomaban de las manos y se visualizaba en el otro un canal energético que conectara las manos con la pituitaria y el entrecejo representándolo como una línea de luz sin interrupción a lo largo de unos minutos.
Hecho esto se liberan las manos y cada cual permanecía en contacto con las sensaciones de tipo visual que aparecieran en la pantalla de la consciencia, tratando de evitar la creación deliberada de imaginería, pensamientos y recuerdos. Entonces se advierten sensaciones visuales de índole subjetiva como manchas de colores y otras imágenes espontáneas. Finalizaba el encuentro con una conversación grupal en la cual cada participante aportaba sus vivencias a lo largo de todo el tiempo de la experiencia de una duración aproximada de una hora.
     Hice énfasis en que esta primera fase pretendía la desconexión con las rutinas preceptúales de la vida cotidiana, el entrenarse en la conexión con la faceta de atención incondicionada y la disposición hacia el asombro propio de obtener una percepción singular.
    Los resultados fueron los habituales de cualquier otra práctica meditativa: conexiones y desconexiones, momentos o circunstancias de mayor o menor facilidad de seguir el proceso propuesto.

     La segunda fase consistió en reducir el tiempo de ambientación y preparación de la actitud favorable y en el introducir imágenes sencillas en el trabajo en parejas, sin mediar palabras, siguiendo un turno acordado, en el cual uno exploraba con las manos y dedos una imagen; se trataba de dibujos sencillos y fotografías de objetos simples. El que la exploraba (sujeto) debía abrirse a captar las impresiones que aparecían en su consciencia a lo largo de unos minutos siendo plenamente desconocedor del contenido de la imagen que se le presentaba. Una vez transcurrido el tiempo, se quitaba la venda y ofrecía otra lámina al compañero que devenía ahora en “sujeto” con los ojos vendados para que, a su vez, explorara la nueva lámina.
Igualmente, acabado el tiempo del trabajo de exploración, cada cual, solitariamente integraba las percepciones  y sensaciones obtenidas. En rueda de conversación subsiguiente se procedía a ver la o las imágenes exploradas y participaban al grupo de lo experimentado en el proceso.
Inicialmente fue sorprendente el observar numerosas coincidencias subjetivas y del seguimiento dactilar de la imagen explorada. Era claramente evidente que las sensaciones y percepciones reproducidas testificadas por el observador (el que descubría la lámina y observaba las maniobras de manos y dedos sobre ella) no seguían una pauta al azar, sino que respondían a movimientos inconscientes, pero muy asociados a la naturaleza de lo manifestado en el dibujo o fotografía que exploraba. Se daban genuinas percepciones o indicios, que hacían referencia a percepciones, no todas conscientes, que se ajustaban a la naturaleza del estímulo explorado.
Dicho esto, también se comprobó, a lo largo de las subsiguientes sesiones, que se producía un efecto de habituación al experimento y que se combinaba en mayor grado el querer percibir cosas que la intención de abrirse a las sensaciones que surgían. Los procesos mentales se producían y contaminaban esas percepciones singulares. El trabajo consistía en tratar de separar las sensaciones evocadas mentalmente de las sensaciones incondicionadas. Ello planteaba un aspecto problemático para el desarrollo del experimento. También se unía el deseo de percibir y el temor al fracaso y, consecuentemente, la duda y desánimo por frustración. A pesar de todos estos aspectos inconvenientes e indeseables, siguieron produciéndose unas percepciones ajustadas al estímulo explorado que muy difícilmente respondían al azar. Esta fase, con su realismo, en cuanto a las propias trampas que cada cual desarrollaba, mantuvo el ánimo activo y favorable a que la percepción extrasensorial pudiera darse. También se trató y se tuvo en cuenta el aspecto de la aportación de tipo telepático que pudiera darse e influir; esta era una variable que en este experimento era imposible de controlar o evitar; por lo cual se aceptó tal posible aportación como un estímulo también de índole extrasensorial a la activación de la visión extraocular.

     En la tercera y última fase del experimento se utilizó, como refuerzo acrecentador de la posible visión extraocular, un cristal de cuarzo transparente natural con seis facetas en prisma, utilizándolo en contacto con el entrecejo del compañero en la fase de contacto de manos y visualización de la línea de luz de mano a pituitaria y entrecejo ya explicado en la primera fase. Lo segundo importante en esta tercera fase consistía en el apoyo y refuerzo verbal del “observador” al sujeto explorante, haciéndose énfasis en mantenerse neutro y no sugerir pistas acerca de lo observado. La finalidad era cribar la genuina percepción extrasensorial de la propia imaginería mental. Después de ello se procedía de la forma habitual y finalmente se comentaba en la rueda grupal las vivencias y experiencias obtenidas.
En esta tercera fase aparecieron las dificultades de la fase anterior, pero se dio acrecentadamente el deseo de querer adivinar el contenido de la imagen en ese autoengaño de confundir el “ver” con el generar una imagen mental de lo que se cree manifiesta el estímulo incluyendo las observaciones y sugerencias a modo de pistas que ofrecía verbalmente el observador al sujeto. Estas falacias se daban claramente, unidas a una creciente sensación de frustración por la no obtención de percepciones claras de tipo extrasensorial. Las sensaciones comunes seguían siendo parecidas a las acaecidas en la fase anterior, como si se estuviera en un estancamiento. Aún así aparecieron logros realmente prometedores, como la percepción simultánea de formas y colores, aún cuando no pudiera definirse objetualmente la imagen observada y, en alguna ocasión, uniendo y relacionando esas percepciones se lograba deducir el posible objeto explorado. En un sujeto particularmente dotado de sensibilidad de médium  llegó a deducir claramente algunas de las imágenes por diversas direcciones; sea por sensaciones telepáticas, sea por captar sensaciones de la naturaleza de la imagen (animada o inanimada), o por sensaciones con colores y estímulos afectivos (calidez, frialdad, sentimiento…).Tal persona llegó a identificar de este modo algunas imágenes exploradas, pero su definición, aunque llegaba a precisarla, no era netamente una genuina  visión extraocular.
Al final del experimento ya se producía un cansancio defensivo y el deseo de concluirlo.

     Concluyéndolo manifesté que el objetivo del experimento de tratar de activar la visión extraocular, se había realizado positivamente, que todos éramos testigos de los resultados asombrosos experimentados y que el desarrollo de tal visión extraocular ya sabíamos que era algo muy difícil y costoso, por lo cual la plena adquisición de tal destreza era algo muy difícil de obtener en tal escaso tiempo de práctica. Ofrecí la posibilidad de que si alguien deseaba seguir explorando esta destreza y actividad, se podría proseguir con ello a título personal y de forma independiente al propósito de este grupo que era el de meditar en grupo.

Conclusión: Se confirma enteramente el tratarse de una capacidad muy difícil de activar en adultos, pero con el experimento aparecen indicios y fenómenos realmente esperanzadores de que ésta se da en un ámbito bastante inconsciente aunque de forma tosca. Una intensa labor de conexión de ese material inconsciente al ámbito de la consciencia debe realizarse para hacerla más objetiva y posteriormente afinarla; que la dificultad principal radica, como ya se preveía, en la irrupción de los procesos mentales tratándose de adelantar a la genuina visión extraocular. Hay material para seguir investigando en esta dirección y no puedo, concluir de su imposibilidad, sino tan sólo de que hay que vencer fuertes obstáculos para poder acceder a ella.




A 29 de junio de 2014.  En Cepsi.

Ernesto Cabeza Salamó