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domingo, 29 de junio de 2014

Informe sobre el experimento en adultos de “Activación de la Visión extraocular”




Informe sobre el experimento en adultos de “Activación de la Visión extraocular”


Basado en los estudios del doctor Jacobo Grimberg de “visión extraocular” en niños.

Jacobo Grimberg

     Se trata de un experimento realizado a lo largo de tres meses en un pequeño grupo constituido por 8 personas, del cual dos son hombres y el resto mujeres. Todos adultos con edades comprendidas entre 30 y 60 años. Todos debidamente informados del propósito y dispuestos a colaborar.
     Todas estas personas tienen en común una flexibilidad mental y la práctica de diversos procedimientos meditativos, con experiencias en este campo diversas, desde meditadores con años de experiencia a otros noveles con, a lo sumo, un año de práctica.



     Hay documentos incuestionables de que los niños tienen un potencial apenas explorado de adentrarse en el ámbito de la percepción extrasensorial.

A nuestra vista aparece como inaudita la facilidad que tienen de acceder a ello. Es muy sorprendente el que se pueda mantener en silencio. Jacobo Grimberg en la década de 1980  efectuó unas investigaciones sobre este aspecto llegando a las siguientes conclusiones: “Es posible percibir visualmente sin necesidad de utilizar los ojos. La finura de detalle de la visión extraocular es similar a la visión retiniana igual que su fidelidad, pero sin utilizar la complejidad de las estructuras cerebrales de la visión corriente. Estos niños están más en contacto con ellos mismos. Los niños más seguros adquieren esta destreza con mayor facilidad. Su aparición es súbita como de un salto cuántico. Algunos fenómenos que se presentan a esta destreza incluye la percepción interna de órganos pudiéndose detectar zonas dañadas o enfermas siendo capaces de revertir sus síntomas; el que adquieren cierta capacidad telepática; y por último que, de sostener un cristal de cuarzo, hacen más nítida la visión extraocular”.
Con ello postulé que era posible idear un procedimiento experiencial que estimulara en los adultos el aproximarse a esta destreza extrasensorial. Dando lugar a esta experiencia experimental. No es una investigación científica, pero es todo un experimento piloto en este aspecto. Espero que esta línea de estudio y experimentación no caiga en el olvido y se siga investigando con mayores recursos y medios. 
     El proceso experimental se ha dispuesto en tres etapas de creciente dificultad a lo largo de tres meses consecutivos.

     En la primera etapa se procede a plantear el proceso apropiado que, ami juicio, posibilitaría el establecer unas condiciones oportunas mínimas para que tal manifestación extrasensorial pudiera manifestarse, a saber: Interrumpir el flujo de las rutinas cotidianas propias del hacer adulto, por un lado contando con la intencionalidad de alterarlo; por otro, definiendo un mínimo recurso ritualístico que favorezca un entorno en el cual el espacio-tiempo sea, en consciencia, diferente. El contexto de una sala de meditación con un sencillo altar representando la Sagrada Rueda Medicinal nativo americana, una limpieza ritual por sahumación y una ofrenda ritual de salvia a la Madre Tierra.
En esta fase se hace énfasis en el adiestrarse y adquirir rodaje y pericia de interrumpir el efecto del anclaje en los patrones mentales relacionados con la conciencia ordinaria adulta que, por común acuerdo, denominamos “tonal del tiempo”. Por tal motivo se propone una actividad física de movimiento libre y espontáneo con ojos abiertos que reduzca el condicionamiento de la vida corriente, el situarse en lo que ontoenergéticamente denomino una posición a-racional, el acceder a un ánimo despreocupado y lúdico favoreciendo la curiosidad natural. Todo ello en el transcurso de unos 15 minutos. El contactar con el cuerpo activo, sensible, energético, lúdico y, al tiempo, contactar con un posicionamiento análogo al infantil de observar el mundo con una actitud de curiosidad, de asombro, de expectación y maravilla; abiertos a lo sorpresivo y al impacto de lo novedoso, de lo desconocido, y, por ello, asombroso y maravilloso.
Seguidamente se procedía a vendarse los ojos asegurándose de no percibir el mínimo indicio visual y adentrarse en una actitud meditativa mediante la conexión con los siete centros sutiles, contando con la visualización e intento de sentirlos; le seguía una intensa práctica de respiraciones profundas reparando en ellas, sus pausas y visualizando el centro del entrecejo. El paso siguiente ha sido el meditar sobre el significado y profundidad del ser, cuyo efecto es expandir la consciencia y con ella los límites del espacio-tiempo. Entonces la actividad culminaba en un apoyo mutuo trabajando en pareja, en la que se tomaban de las manos y se visualizaba en el otro un canal energético que conectara las manos con la pituitaria y el entrecejo representándolo como una línea de luz sin interrupción a lo largo de unos minutos.
Hecho esto se liberan las manos y cada cual permanecía en contacto con las sensaciones de tipo visual que aparecieran en la pantalla de la consciencia, tratando de evitar la creación deliberada de imaginería, pensamientos y recuerdos. Entonces se advierten sensaciones visuales de índole subjetiva como manchas de colores y otras imágenes espontáneas. Finalizaba el encuentro con una conversación grupal en la cual cada participante aportaba sus vivencias a lo largo de todo el tiempo de la experiencia de una duración aproximada de una hora.
     Hice énfasis en que esta primera fase pretendía la desconexión con las rutinas preceptúales de la vida cotidiana, el entrenarse en la conexión con la faceta de atención incondicionada y la disposición hacia el asombro propio de obtener una percepción singular.
    Los resultados fueron los habituales de cualquier otra práctica meditativa: conexiones y desconexiones, momentos o circunstancias de mayor o menor facilidad de seguir el proceso propuesto.

     La segunda fase consistió en reducir el tiempo de ambientación y preparación de la actitud favorable y en el introducir imágenes sencillas en el trabajo en parejas, sin mediar palabras, siguiendo un turno acordado, en el cual uno exploraba con las manos y dedos una imagen; se trataba de dibujos sencillos y fotografías de objetos simples. El que la exploraba (sujeto) debía abrirse a captar las impresiones que aparecían en su consciencia a lo largo de unos minutos siendo plenamente desconocedor del contenido de la imagen que se le presentaba. Una vez transcurrido el tiempo, se quitaba la venda y ofrecía otra lámina al compañero que devenía ahora en “sujeto” con los ojos vendados para que, a su vez, explorara la nueva lámina.
Igualmente, acabado el tiempo del trabajo de exploración, cada cual, solitariamente integraba las percepciones  y sensaciones obtenidas. En rueda de conversación subsiguiente se procedía a ver la o las imágenes exploradas y participaban al grupo de lo experimentado en el proceso.
Inicialmente fue sorprendente el observar numerosas coincidencias subjetivas y del seguimiento dactilar de la imagen explorada. Era claramente evidente que las sensaciones y percepciones reproducidas testificadas por el observador (el que descubría la lámina y observaba las maniobras de manos y dedos sobre ella) no seguían una pauta al azar, sino que respondían a movimientos inconscientes, pero muy asociados a la naturaleza de lo manifestado en el dibujo o fotografía que exploraba. Se daban genuinas percepciones o indicios, que hacían referencia a percepciones, no todas conscientes, que se ajustaban a la naturaleza del estímulo explorado.
Dicho esto, también se comprobó, a lo largo de las subsiguientes sesiones, que se producía un efecto de habituación al experimento y que se combinaba en mayor grado el querer percibir cosas que la intención de abrirse a las sensaciones que surgían. Los procesos mentales se producían y contaminaban esas percepciones singulares. El trabajo consistía en tratar de separar las sensaciones evocadas mentalmente de las sensaciones incondicionadas. Ello planteaba un aspecto problemático para el desarrollo del experimento. También se unía el deseo de percibir y el temor al fracaso y, consecuentemente, la duda y desánimo por frustración. A pesar de todos estos aspectos inconvenientes e indeseables, siguieron produciéndose unas percepciones ajustadas al estímulo explorado que muy difícilmente respondían al azar. Esta fase, con su realismo, en cuanto a las propias trampas que cada cual desarrollaba, mantuvo el ánimo activo y favorable a que la percepción extrasensorial pudiera darse. También se trató y se tuvo en cuenta el aspecto de la aportación de tipo telepático que pudiera darse e influir; esta era una variable que en este experimento era imposible de controlar o evitar; por lo cual se aceptó tal posible aportación como un estímulo también de índole extrasensorial a la activación de la visión extraocular.

     En la tercera y última fase del experimento se utilizó, como refuerzo acrecentador de la posible visión extraocular, un cristal de cuarzo transparente natural con seis facetas en prisma, utilizándolo en contacto con el entrecejo del compañero en la fase de contacto de manos y visualización de la línea de luz de mano a pituitaria y entrecejo ya explicado en la primera fase. Lo segundo importante en esta tercera fase consistía en el apoyo y refuerzo verbal del “observador” al sujeto explorante, haciéndose énfasis en mantenerse neutro y no sugerir pistas acerca de lo observado. La finalidad era cribar la genuina percepción extrasensorial de la propia imaginería mental. Después de ello se procedía de la forma habitual y finalmente se comentaba en la rueda grupal las vivencias y experiencias obtenidas.
En esta tercera fase aparecieron las dificultades de la fase anterior, pero se dio acrecentadamente el deseo de querer adivinar el contenido de la imagen en ese autoengaño de confundir el “ver” con el generar una imagen mental de lo que se cree manifiesta el estímulo incluyendo las observaciones y sugerencias a modo de pistas que ofrecía verbalmente el observador al sujeto. Estas falacias se daban claramente, unidas a una creciente sensación de frustración por la no obtención de percepciones claras de tipo extrasensorial. Las sensaciones comunes seguían siendo parecidas a las acaecidas en la fase anterior, como si se estuviera en un estancamiento. Aún así aparecieron logros realmente prometedores, como la percepción simultánea de formas y colores, aún cuando no pudiera definirse objetualmente la imagen observada y, en alguna ocasión, uniendo y relacionando esas percepciones se lograba deducir el posible objeto explorado. En un sujeto particularmente dotado de sensibilidad de médium  llegó a deducir claramente algunas de las imágenes por diversas direcciones; sea por sensaciones telepáticas, sea por captar sensaciones de la naturaleza de la imagen (animada o inanimada), o por sensaciones con colores y estímulos afectivos (calidez, frialdad, sentimiento…).Tal persona llegó a identificar de este modo algunas imágenes exploradas, pero su definición, aunque llegaba a precisarla, no era netamente una genuina  visión extraocular.
Al final del experimento ya se producía un cansancio defensivo y el deseo de concluirlo.

     Concluyéndolo manifesté que el objetivo del experimento de tratar de activar la visión extraocular, se había realizado positivamente, que todos éramos testigos de los resultados asombrosos experimentados y que el desarrollo de tal visión extraocular ya sabíamos que era algo muy difícil y costoso, por lo cual la plena adquisición de tal destreza era algo muy difícil de obtener en tal escaso tiempo de práctica. Ofrecí la posibilidad de que si alguien deseaba seguir explorando esta destreza y actividad, se podría proseguir con ello a título personal y de forma independiente al propósito de este grupo que era el de meditar en grupo.

Conclusión: Se confirma enteramente el tratarse de una capacidad muy difícil de activar en adultos, pero con el experimento aparecen indicios y fenómenos realmente esperanzadores de que ésta se da en un ámbito bastante inconsciente aunque de forma tosca. Una intensa labor de conexión de ese material inconsciente al ámbito de la consciencia debe realizarse para hacerla más objetiva y posteriormente afinarla; que la dificultad principal radica, como ya se preveía, en la irrupción de los procesos mentales tratándose de adelantar a la genuina visión extraocular. Hay material para seguir investigando en esta dirección y no puedo, concluir de su imposibilidad, sino tan sólo de que hay que vencer fuertes obstáculos para poder acceder a ella.




A 29 de junio de 2014.  En Cepsi.

Ernesto Cabeza Salamó

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