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domingo, 27 de febrero de 2011

Observaciones sobre Meditación Febrero 2011: "Cuando florece el Ser"

Meditación Febrero 2011: “Cuando florece el Ser”


     A lo largo de las cuatro sesiones de este trabajo meditativo, he podido obtener las siguientes conclusiones.


     La fase de risa ha sido fácilmente aceptada y seguida con genuinas carcajadas procedentes desde lo “hondo”. En general ha costado arrancar, siendo especialmente el oír la risa de otros lo que ha estimulado a los demás.
    Tras un tiempo de reír se aprecia un cese de la misma con un cierto bloqueo expectativo; tras el cual, a cualquier ínfimo estímulo propio o ajeno se propicia un nuevo arranque.

     Hay quienes que, en unos primeros encuentros les ha costado iniciar con la risa, en las posteriores realmente y literalmente se han revolcado por el suelo.
    Otra observación es que en la fase final del ciclo de risa hay a quienes les ha costado mucho detener la risa, lo que ha producido una interferencia con la siguiente área de trabajo. De la misma manera que cuesta salirse de la inercia del discurrir cotidiano, también acontece una dificultad en desapegarse de la nueva situación emocional con la risa. Ello nos debe hacer considerar la tendencia que mantenemos de apego a nuestros estados emocionales.
    E observado, asimismo, en personas concretas una dificultad de no poder contactar con la risa, siendo su voluntarismo la dificultad y también la preocupación por obtener en todo trabajo de tipo meditativo visiones o percepciones intrapsíquicas; lo que sugiere otro tipo de apego.

    La fase de llorar ha resultado algo más dificultosa. Habitualmente para suscitar el llanto se ha recurrido a evocar y recordar situaciones infelices o dolorosas propias o ajenas, produciendo una reacción de lamento, dolor y compasión de índole secundaria. Considerándose este proceder como el natural. A lo largo de las cuatro sesiones de experimentación, la mayoría de los participantes no se han dado cuenta de la diferencia entre llorar por evocación y que el propio sentimiento les lleve a imágenes y situaciones vividas, permitiendo, de este modo, revivirlas y recapitularlas energética y anímicamente.
    No ha sido una actividad muy valorada. Resulta evidente que el tratar de contactar con algo doloroso no es una motivación relevante.

     En la fase de “testificar en quietud y silencio” se ha podido observar, sin la menor duda, que la previa expresión de estados emocionales ha propiciado un mayor vacío en la ideación y el consecuente descenso del diálogo interior; lo que ha ocasionado una sensación general positiva de sentirse meditando realmente.

    La última fase, la de danza espontánea, ha sido muy variable; estando condicionada por los estados anímicos residuales y activados por las fases previas. La misma persona, en sesiones distintas, ha experimentado momentos diferentes, desde una gran necesidad de movimiento libre  expresando su sentir, al deseo de mantener el estado de quietud meditativo.
    El diálogo interior se ha visto reducido, los aspectos visionarios se han producido en unos según su cualidad energética y en otros, la mayoría, ha consistido en autoexpresión por el propio sentir.

                                                    Ernesto Cabeza Salamó






sábado, 26 de febrero de 2011

PSICOANÁLISIS Y TERAPIA GESTALT

Estimado amigo y colega Juan Canto...

     Hace unas semanas tuve contacto con un viejo amigo actualmente residente en la población de Ronda.
     Estimado Juan, muchas experiencias hemos compartido desde que nos conocimos en la facultad de psicología en Barna. Muchas veladas de estudio y largas conversaciones sobre la vida y nuestra disciplina elegida. Muchas veces intentamos arreglar el mundo en estas veladas el mundo. Y más adelante, gozando de la amistad, compartimos las inquietudes en la formación como psicoterapeutas. Tú te decantaste por la psicoterapia gestáltica y yo por la bioenergética. Y siento ya psicoterapeutas nos asociamos creando CEPSI.  Eran tiempos de apertura y aparición en España de formas novedosas de abordaje psicoterapéutico.  D e esta época, tan entrañable procede este artículo  que elaboraste con el compañero también  Carla Muñoz. Lo publiqué en el nº. dos del Boletín de Cepsi en marzo de 1996, y anteriormente había sido `publicado en el nº. 5 de la Revista de psiquiatría y psicología humanista.
     Recapitulando esos tiempos he recuperado este boletín y sus contenidos y me place colgarlo en el blog como un cálido saludo y reconocimiento de lo enriquecedora que resultó nuestra relación como amigos y colegas de profesión. Espero que te despierte agradables recuerdos y sea un estímulo hacia el compartir las nuevas metas a las que nos ha conducido la mutua evolución hasta el presente.

PSICOANÁLISIS Y TERAPIA GESTALT
J. Canto y C. Muñoz.

     La terapia Gestalt tiene en el psicoanálisis un muy importante soporte en el que apoyar su teoría y práctica. No hay que olvidar que Perls se consideró durante más de veinte años un psicoanalista ortodoxo.
     Ya en Freud y, luego, en sus discípulos (la mayoría disidentes): Jung, Adler, Rank, Ferenczi y, sobre todo, Reich, se observan tanto convergencias como divergencias con respecto a Perls; existe, en todo caso, una indudable relación entre ambas corrientes.
     Atendiendo a los autores mencionados en el párrafo anterior veremos como la Gestalt recoge aspectos del modo de hacer y pensar de éstos; creando, por un lado, a partir de ellos y, por otro, de otras fuentes teóricas una teoría y práctica propia que sitúa a la terapia Gestalt en un primer plano entre las corrientes actuales en psicoterapia.

Otto Rank, Karl Abraham, Max Eitingon, Ernest Jones
Sigmund Freud, Sandor Ferenczi, Hanns Sachs.

Freud

Sigmund Freud
     Perls mantuvo un gran respeto por la personalidad de Freud, al que consideró, al menos por un tiempo, como un maestro. Aún a pesar de que el mismo Perls no lo hubiera aceptado, son muchas las influencias del psicoanálisis sobre la terapia gestalt, ya sea en forma crítica hacia las posturas de aquél, ya sea como desarrollos gestálticos propios a partir de postulados psicoanalíticos.
     Al efectuar una primera lectura da la impresión de que psicoanálisis y gestalt son totalmente discrepantes, ya que parece que Freud y Perls coinciden en muy poco, siendo la relación entre ambos de crítica constante, no obstante la revisión que hace Perls de los postulados de Freud supone un avance en la creación de una estructura conceptual gestáltica.
     De entre los muchos aspectos en los que el psicoanalista freudiano y la gestalt se relacionan (tanto para concordar como para discrepar) hemos considerado: abordaje de la neurosis, mecanismos de defensa, importancia de la pulsión sexual (psicoanálisis) y de la “pulsión oral” (gestalt), transferencia, inconsciente y consciente, importancia del pasado y del presente en la terapia, insight y darse cuenta.
F. Perls
     Perls tiene una concepción organísmica del hombre y rechaza de Freud que trate el hecho psicológico como algo aislado del organismo en su totalidad. La intelectualización y teorización psicoanalítica son vistas por Perls como aspectos que contribuyen a deformar la realidad.
    Freud entiende que los síntomas neuróticos tienen que ver con un retorno de lo reprimido, este retorno se produce por medio de la formación de transacción entre las representaciones y las represoras, los elementos reprimidos tienden a reaparecer en la consciencia a través de los denominados derivados del inconsciente. Perls se aleja de esta concepción y considera a las neurosis como una insuficiencia de la consciencia en captar aquello que no puede ser aceptado por ella; por  tanto el concepto de neurosis se relaciona, en gestalt con un déficit de consciencia, con un no darse cuenta, un déficit de contacto, más que como represión de contenidos.
     Los mecanismos de defensa se ven, en psicoanálisis, como barreras que el yo crea para rechazar ciertos impulsos o para solucionar conflictos originados por la oposición de las exigencias de cada una de las instancias psíquicas. Estos mecanismos de defensa son muchos y diversos y se pueden dar: ante peligros intrapsíquicos (represión, regresión, aislamiento, identificación, proyección, etc.), o ante peligros extrapsíquicos (negación, identificación, etc.).
     En Gestalt se considera la existencia de unos mecanismos neuróticos (proyección, introyección, retroflexión, desensibilización, confluencia) que actúan como barreras que bloquean la consciencia de la conducta actual, o bien, como antiguos residuos de tendencias anteriores de evitar la toma de consciencia. A primera vista, da la impresión de que estos mecanismos (sobre todo proyección e introyección) no son propios de la Gestalt y que esta terapia se limita a reformular conceptos ya existentes, no obstante hay una diferencia en cierto énfasis, a veces sutil; así, por ejemplo, la terapia gestalt resalta, en cuanto a la proyección, las formas menos patológicas de la misma, donde el individuo se muestra muy preocupado por la selectividad de su proyección en relación a ciertos fenómenos que le rodean

     Unos de los conceptos claves, en psicoanálisis, es el de pulsión. Refiriéndonos a la pulsión, desde un punto de vista económico, Freud postula la existencia de una energía única en las transformaciones de la pulsión sexual: la libido. Desde otro punto de vista, el dinámico, Freud ve en la pulsión sexual una polaridad siempre presente en el conflicto psíquico, siendo el principal objetivo de la represión en el inconsciente. He aquí la importancia dada a la pulsión sexual y a la energía libinidal.
     Perls, no obstante, ya en 1936, en el congreso de Praga, pone en duda el predominio de la pulsión sexual subrayando la importancia de la oralidad en el ser humano. En su obra “Yo hambre, yo agresión” (1947) desarrolla la noción de la oralidad que preside el crecimiento del ser durante toda su vida y que no se limita tan sólo a un periodo o a una determinada fase de la infancia. En esta noción tomó en cuenta la desestructuración, la experiencia separada en fragmentos con una finalidad integradora; del mismo modo que el alimento debe ser previamente triturado para poder, luego, ser asimilado.

     Así, en tanto Freud ve la oralidad tan sólo como una fase, como un periodo; Perls la considera englobando la personalidad del individuo a lo largo de toda su vida, de este modo, prestando a la oralidad y más concretamente, al hambre, entendiendo éste como un deseo de asimilación y crecimiento, un valor equivalente, cuando menos al de la pulsión sexual Perls sienta una de las bases de la terapia gestalt.
     La transferencia se entiende, en psicoanálisis, como una repetición y una actualización. Repetición en relación al analista de actitudes emocionales inconscientes amistosas u hostiles que el paciente estableció en su infancia al contacto con sus padres, predominantemente. Perls aceptó, en sus comienzos, este concepto pero a medida que se fue separando del psicoanálisis fue apartándose de él rechazando la transferencia en la situación analítica como aquellas experiencias anteriores que durante la cura son investidas sobre el terapeuta. En consonancia con la fenomenología del aquí y ahora, Perls ve en la relación terapéutica un “cara a cara” de dos individuos que implican en ella todas sus características personales.

     La transferencia será, entonces, en gestalt, la manera como el paciente reproduce en el presente (ya sea con el terapeuta o con el grupo) situaciones pasadas, sentimientos vividos con el terapeuta u otros miembros del grupo, sentimientos que en otro tiempo tuvieron relación con sus padres. Por relación actual, en el presente, se entiende además de los  sentimientos experimentados en relación al terapeuta y al grupo, aquellos sentimientos que, provenientes del pasado y correspondientes a la realidad subjetiva del paciente, resurgen ahora en la relación terapéutica.

     El concepto de inconsciente no existe, para Perls; los autores gestálticos posteriores a éste suavizan la postura y explican que entiende la gestalt por inconsciente. Este término fue uno, quizá el mayor, de los descubrimientos freudianos. Inconsciente es, para Freud, todos aquellos contenidos no presentes en el campo actual de la consciencia; en la primera teoría del aparato psíquico considera que el sistema inconsciente está constituido por contenidos reprimidos que no han podido pasar al sistema consciente por la acción de la represión. Para Freud, consciente e inconsciente son dos “mundos” distintos, el pase de inconsciente a consciente es mediatizado por el analista, éste es el traductor que permite el acceso a lo inconsciente. El concepto gestáltico  de inconsciente considera que consciente e inconsciente forman parte de un mismo mundo conformando una totalidad, el propio paciente puede pasar de inconsciente a consciente, el terapeuta tan sólo acelera el proceso, éste no depende de él, el paciente es quien tiene la capacidad y el poder del proceso, de su propio proceso.
     Retomamos dos conceptos básicos en psicoanálisis, tales como la compulsión a la repetición y la transferencia, veamos que alternativas ofrece la gestalt a tales conceptos.
     En gestalt no se niega el pasado, se considera que el presente se asienta en gran medida sobre el pasado y además se añade que el presente existe per se recogiéndose en él, de algún modo, todo el pasado significativo; que en toda compulsión a la repetición y en toda relación transferencial actuales siempre se produce algo nuevo que no existía en el pasado.  En toda relación terapéutica siempre se da un margen, aunque sea mínimo, para la variabilidad creativa, ya que el terapeuta no es el padre del paciente y, por tanto, no se comportará exactamente como él. La terapia gestáltica tenderá a ampliar este estrecho margen haciendo que el paciente adquiera consciencia, se de cuenta, de que hay una diferencia entre las expectativas transferenciales depositadas sobre el terapeuta y la persona real que tiene delante. En cuanto el paciente tome contacto con el mundo real de sus sentidos podrá experimentar la realidad de la otra persona que tiene delante. De esta manera la gestalt amplía el campo del psicoanálisis ya que, además de la transferencia y las proyecciones, se puede producir en la terapia un encuentro real, la creación de un espacio “hic et nunc”, aquí y ahora.
     La terapia psicoanalítica es una constante búsqueda en el pasado, en él se hallan las causas de los conflictos actuales. La gestalt es un sistema terapéutico que tiene sus bases en el aquí y ahora pero que también tiene en cuenta el pasado pues en la práctica se puede ver como el paciente suele acudir al tratamiento con un gran deseo de mirar atrás, hacia su pasado. En muchas ocasiones la tendencia a sumergirse en el pasado (tanto por parte del paciente como por parte del terapeuta) no es más que una maniobra defensiva que tiene como finalidad distanciarse de aquellos asuntos que pueden generar preocupaciones. Hay otros momentos en los que el paciente expone situaciones del pasado con una participación y preocupación auténticas, en estas ocasiones hay una vivencia de esos hechos que se narran, hay un compromiso por parte del paciente; este material que surge, aunque sea del pasado, es interesante abordarlo pues seguramente será un modo propio del paciente de expresar alguna dificultad actual.  Lo que del pasado nos interesa está en el presente, aquí y ahora, quizá no estrictamente en palabras pero sí como tensión o postura corporal que puede transmitirse a la consciencia. Esta comunicación total (tanto verbal como corporal) es lo que hace posible que una terapia centrada en el aquí y ahora sea factible.
     El insiht se entiende, en psicoanálisis, como un paso en el proceso terapéutico y se define como la percepción significativa del paciente de aquellos denominadores comunes de su conducta tal como le son señalados por el terapeuta; se distinguen dos partes en este proceso: un insight intelectual donde el paciente puede percibir una interacción de sus distintas pautas, existe aquí un proceso de reestructuración por el cual los fenómenos mnésicos aislados se tienden a englobar en un todo; un insiht emocional donde el paciente reproduce el afecto que corresponde al insight intelectual (alivio, ansiedad, culpa, etc.), este insight es primordial para que la terapia alcance resultados amplios pues la reestructuración emocional e una parte esencial del proceso terapéutico.
     En gestalt existe un concepto, awareness, (darse cuenta o tomar consciencia),  que constituye el núcleo teórico y terapéutico de esta terapia... Alude a cierto tipo de experiencia inmediata, es la capacidad de darse cuenta, un continuum de consciencia, es un proceso gradual. El awareness forma parte de la relación individuo-ambiente, incluye pensamiento y sentimiento pero se basa siempre en la percepción actual de la situación actual.
       Insight, en terapia gestalt, tendría un carácter más puntual, sería como un “contacto” entre consciente e inconsciente, como “una iluminación”, de carácter repentino, un darse cuenta de algo concreto. En tanto awareness es un proceso gradual, un darse cuenta poco a poco, insight es un proceso puntual o de si o no. El awareness se va llenando de sucesivas insights. Existe un tercer concepto, conciusness, relacionado con los dos anteriores (insight y awareness), designa otros estados de consciencia distintos del darse cuenta.
     Los terapeutas gestaltistas consideran un cierto paralelismo entre “su” awareness y el insight emocional del psicoanálisis ya que en ambos se da una expansión de la consciencia de la relación actual entre organismo y ambiente, con el concomitante efecto positivo y la sensación de descubrimiento. El denominado insight intelectual del psicoanálisis correspondería al concepto gestáltico de conciousness.


Jung


      Para Jung las partes dominantes de nuestra personalidad tienen su contrapartida en otras partes contrarias o incompatibles que permanecen en la oscuridad. Al  hablar de “complejos” se refiere a fragmentos psíquicos escindidos que será necesario integrar en la totalidad del individuo.
    Estas polaridades de signo contrario las encontramos en la Terapia Gestalt. Con respecto a esto dice Polster que la concepción gestáltica de la polaridad tiene un alcance más amplio, no se limita al arquetipo sino que surge a la vida como el opuesto de cualquier parte, o de cualquier cualidad.
     El concepto que Jung tiene sobre los sueños también se ve reflejado en la terapia gestalt. Jung, refiriéndose al soñador, dice que es el único que puede descubrir lo que ciertas cosas significan para él mismo, mientras que a nosotros nos es imposible saber, desde fuera, qué función asume una imagen dada en su psiquismo. Un observador exterior no podría decir a priori ante qué y cómo reacciona un ser y por ello los símbolos del sueño son de naturaleza esencialmente individual. La influencia que esta concepción de Jung acerca de los sueños tiene sobre la Gestalt es bien patente no sólo en el concepto de sueño sino también en la técnica de abordaje; de esta manera se toman los elementos que aparecen en el sueño por lo que son, dándoles expresividad, se respeta la creatividad propia del sueño dejando que el soñador descubra sus propios símbolos.
      Por último, Jung concede suma importancia al presente, considera que lo dinámico es inseparable de la actualidad y tan solo la comprensión del sentido de la actual significa verdadera comprensión. Con respecto a esto sabemos que uno de los postulados de la terapia gestalt es su énfasis en el presente.


Adler


     Adler mantiene que el hombre es el creador de su propia vida siendo, por lo tanto, cada individuo el que da sentido, significado a su propia vida, de manera que cada uno tiene su propia interpretación acerca de la realidad, de su realidad.
     Adler procura evitar términos correspondientes a la jerga profesional poniendo énfasis en una terminología simple y asequible. Dirige su atención a los pequeños hechos que constituyen la vida  de cada individuo, considera a éste como tal, como individuo único y se aparta de las patologías estilizadas; de esta manera abre una vía a una forma de psicoterapia donde lo consciente toma gran importancia, donde el individuo tiene un protagonismo activo en su evolución personal y donde la existencia se toma en cuenta momento a momento.
     Perls, aunque reprocha a Adler su fascinación por el futuro comparte la concepción de hombre creado a sí mismo desde la consciencia, aceptando lo que cada uno es. Asimismo, Perls también coincide en una forma de psicoterapia donde el individuo es considerado como tal y no como alguien etiquetado por representar una determinada sintomatología. Otra coincidencia de Perls y Adler es la no utilización de una jerga profesional.


Rank


     La mayor parte de la obra de Rank gira en torno al trauma del nacimiento y de las repercusiones que éste tiene sobre la existencia. La primera lucha a la que el sujeto se enfrenta es la que pretende alcanzar la individualidad personal.
     En esta lucha los esfuerzos del individuo se centran en integrar sus temores de separación y de unión. La separación le llevará a la pérdida de la relación y del contacto con los otros, la unión le supondrá la pérdida de la identidad. Ante estas opciones el individuo plantea una resistencia, resistencia constructiva.
     La Gestalt hace una valoración de los conceptos relacionados con el contacto y retirada. Conduce a la persona a realizarse integrando sus miedos de separación y de unión, tiene un interés especial en alcanzar una identidad personal, cuanto más cerca se esté de esa identidad existirá un menor temor hacia la función que pueda darse en el contacto.
     El papel creativo de la resistencia es reconocido por la Gestalt; no solo para resolver contradicciones sino para llegar a una nueva confrontación de la individualidad del sujeto.
     Rank, al acentuar el desarrollo de la identidad individual, conduce a un cambio en la relación terapéutica. El tenar en cuenta  las interacciones existentes entre las personas que forman parte de un proceso terapéutico ha sido de gran influencia sobre el movimiento humanista.


Ferenczi


     Fue, en un principio, uno de los discípulos más entusiastas de Freud, pero, posteriormente se fue separando de él no sólo en los aspectos técnicos sino también en los contenidos teóricos.
     Ferenczi no estaba en acuerdo con la lentitud del proceso terapéutico psicoanalítico. Para conseguir una disminución en el tiempo del proceso divide la terapia en dos fases; en una primera, emplearía técnicas activas con el objeto de crear reacciones emocionales en el paciente, para ello recomienda la técnica de limitación de necesidades; en una segunda fase considera al terapeuta no sólo como la pantalla donde se proyecta el paciente sino también una persona con sus propios defectos y errores.
     Perls, por su parte, se muestra contrario al enlentecimiento que supone el psicoanálisis clásico y por otro lado enfrenta al paciente con sus evitaciones creando un clima emocional intenso, de forma distinta a Ferenczi pero con propósitos similares.
     Ferenczi amplifica las necesidades reprimidas o no expresadas por el paciente para que éste tome consciencia de ellas, esto se podría relacionar con la exageración del síntoma de la Gestalt.
     La actitud de considerar al terapeuta además de cómo tal, como una persona con sus propios defectos y errores es algo que posteriormente asume la psicología humanista y la Gestalt.
     Ferenczi estimulaba a sus pacientes a dramatizar y revivir las situaciones y conflictos que aquejaban con el objeto de descargar instantáneamente las tensiones bloqueadas. Esta técnica recuerda las aportaciones de Moreno y su psicodrama en el que tanto se inspira la Gestalt.
     La “técnica de abstinencia y frustración” de Ferenczi nos sugiere alguna relación con la que aplica la Gestalt de “frustración de las evitaciones”, donde mediante esa frustración se intenta que el paciente tome contacto con aquello que pretende, en principio, evitar; no obstante, es obvio, que aunque las técnicas puedan parecernos semejantes, la explicación teórica que sustenta la aplicación de una y otra técnica son muy divergentes.
     En la denominada “técnica activa” de Ferenczi seguimos encontrando semejanzas; así, por ejemplo, el concepto de neurosis: para Ferenczi el neurótico se conduce de forma muy infantil. Si por infantil entendemos una necesidad de dependencia de los demás y una falta de recursos propios, acercamos este concepto al que sostenía Perls para el cual el neurótico es aquel que le faltan autoapoyos y por ello necesita del apoyo exterior o ambiental. Volviendo a la “técnica activa” Ferenczi habla de “fantasías provocadas” que favorecen la expresión de determinados “afectos e ideas”. Muchos de los juegos utilizados en Gestalt estarían en la línea de esas “fantasías provocadas”.
     Existen coincidencias, en otro orden de cosas, así: para Ferenczi la actividad  corresponde al paciente, el analista debe de limitarse a suscitarla a través de sus intervenciones. La Gestalt considera que es al paciente a quien corresponde la parte activa, actuando el terapeuta a modo de catalizador. En Ferenczi, la figura del analista deja de utilizar medidas autoritarias empleadas anteriormente, mostrándose el terapeuta más cercano al paciente. La terapia gestalt respeta también el proceso del paciente, implicándose el terapeuta en las situaciones del paciente.
      Hemos observado, con sorpresa, como este autor, Ferenczi, ha quedado prácticamente en el olvido cuando se mencionan las influencias psicoanalíticas en la Gestalt; resulta paradójica esta omisión máxime cuando, a nuestro parecer, existen tantos puntos en común entre este autor y la terapia gestalt.
J. Canto y C. Muñoz.


Bibliografía consultada

ADLER, A.: “El sentido de la vida”. Colecc. Austral. Espasa-Calpe. Madrid. 1975.
CAPARROS, A.: “Historia de la Psicología”. Universidad de Barcelona. Barcelona. 1976.
COLIN, L. –LEMAIRE, J.M.: “El potencial humano” Ed. Kairós. Barcelona 1979.
DIERKENS, J.: “Freud. Una antología sistemática”. Oikos-Tau. Barcelona. 1972.
FAGAN, J. –SHEPHERD, I.: “Teoría y técnica de la psicoterapia Gestalt”. Amorrortu Editores. Buenos Aires. 1973.
JUNG, C.: “Teoría del psicoanálisis”. Plaza y Janés. Barcelona. 1980.
JUNG, C.: “Los complejos y el inconsciente”. Alianza Editorial. Madrid. 1980.
LAGACHE, D.: “El psicoanálisis”. Editorial Paidós. Buenos Aires. 1977.
LAPLANCHE, J. –PONTALIS, J.B.: “Diccionario de psicoanálisis”. Editorial Labor. Barcelona.1979.
MOREAU, A.:”La Gestalt-therapie, prolongement de la psychanalyse”. Acta psychiatrique belg. 1980. pp. 805-838.
PARRA ALVAREZ, J.:”Sandor Ferenczi y su obra”. Revista Psicodeia nº 65.
PEÑARRUBIA, F. y otros: “Integración emocional y psicología humanista”. Ediciones Marova. Madrid.1979.
PERLS. F.: “Sueños y existencia”. Editorial Cuatro Vientos. Santiago de Chile. 1972.
PETIT, M.: “La Gestalt: thérapie de l’ici et maintenant”. Editions Retz. París. 1980.
POLSTER, E. y M.: “Terapia Gestáltica”. Amorrortu Editores. Buenos Aires. 1980.
TALLAFERRO, A.: “Curso básico de psicoanálisis”. Editorial Paidós. Buenos Aires. 1976.



sábado, 19 de febrero de 2011

Procedimiento técnico de psicoterapia Bioenergética en Cepsi

El procedimiento técnico de Psicoterapia Bioenergética en CEPSI

El encuentro inicial

         Las sesiones de terapia bioenergética tienen lugar en un cuarto sin equipo especial. El terapeuta dispone de ciertos instrumentos de trabajo: Un taburete o rodillo de 20 a 25 cm. De alto, un tipo de potro o taburete de unos 70 cm. De altura, cojines, un palo o raqueta de tenis, un colchón; puede disponer de un espejo, toallas y mantas entre otros materiales que pueden ser útiles en alguna circunstancia terapéutica dada.
         Acostumbrados a la imagen del despacho del médico o a la brindada por el estereotipo del psicólogo y psicoanalista, todo este equipo contrasta y produce extrañeza en un primer momento.
          En el primer encuentro se explora y clarifica la demanda del cliente. En relación con ello se presenta  el marco de trabajo, así como las condiciones mutuamente aceptadas.
         Este encuentro también es expositivo tratando de explicar y aclarar las peculiaridades que plantea un proceso terapéutico bioenergético. Al final del encuentro, el cliente debe tener claro en qué consiste el modelo y método de exploración y de psicoterapia propuesto. Este encuentro no tiene por qué suponer un compromiso, aunque de él ya pueda surgir habitualmente; es una toma de contacto y de mutua información.
         Se dilucida si es posible realizar un trabajo terapéutico, se evalúa la compatibilidad entre el cliente que solicita ayuda y el terapeuta estableciéndose o no el acuerdo terapéutico. Esta libertad es esencial para ambas partes.

         También en esta entrevista se manifiesta las razones, motivos y objetivos que el cliente espera alcanzar. Se trabaja y clarifica la demanda de terapia a partir de informaciones aportadas por el cliente sobre su vida actual, las asociaciones que evoca de su infancia y la sintomatología que presenta. En este intercambio se expondrá en qué consiste el proceso terapéutico bioenergético y cómo se señalará el final de la terapia, cuando ambos estimen que dicha demanda ha quedado satisfecha.

         Seguidamente se efectúa y acuerda un contrato entre ambas partes en el que quedará claro: lugar de las sesiones, frecuencia de las mismas (normalmente una por semana), horarios, precio,... así como algunas reglas tales como las condiciones de las ausencias eventuales , imposibilidad de relaciones sexuales entre cliente y terapeuta, etcétera, según contexto y necesidad de enunciarlas. Así como la afirmación de que cuanto se trabaje queda sujeto a secreto profesional.
        
         Habitualmente, con esto, el cliente ya toma una decisión comprometida, pero puede reservarse el derecho de dar posteriormente su decisión.


Proceso diagnóstico


         Habiéndose decidido el cliente en esta orientación terapéutica, entra en vigor el contrato terapéutico, iniciándose el diagnóstico (el material que precisa el terapeuta para iniciar el conocimiento de su cliente).

         En Bioenergética el proceso diagnóstico suele ser breve, pero según peculiaridades y necesidades puede hacerse más minucioso y especializado (particularmente cuando deben realizarse informes a otros profesionales e instituciones que exige un procedimiento psicodiagnóstico estándar con baterías de tests psicométricos y/o proyectivos).
         Fuera del caso de un diagnóstico psíquico estándar, en Cepsi, como en cualquier diagnóstico bioenergético, la exploración consiste en un historial anamnésico y una exploración psico-corporal.

         He elaborado un guión de entrevista en cuestionario anamnésico (o historia personal), en la que el cliente va exponiendo escuetamente, sin justificaciones, ni explicaciones accesorias, su historia personal y su situación personal actual. En ocasiones se responde en la propia consulta pero, en otras, según circunstancias, el cliente la cumplimenta es su intimidad doméstica. Esta anamnesis forma parte del secreto profesional. Esta es la Primera parte de la exploración diagnostica.
       Una vez concluida la anamnesis se realiza la sesión de “lectura corporal”. Es un diagnóstico específico de las técnicas reichianas y bioenergéticas en el que exploro la estructura caracterial del cliente. Es la observación sistematizada  y atenta de la estructura caracterial del cliente que permite el diagnóstico del tipo estructural emocional, es decir, la organización de las defensas musculares crónicas y de sus funciones. El lenguaje corporal no puede mentir ni disimular, es la manifestación del propio inconsciente.
        Para ello se invita al cliente a ponerse en pie, desnudo como para un examen médico. Y en actitudes estáticas, en pie o en posturas precisas se observa y anota su actitud corporal, sus funciones respiratorias, musculares (como tensiones, bloqueos, cambios de sensaciones de unas a otras zonas, el calor y color zonal en su cuerpo, la expresividad general y particular por zonas). También prosigue la exploración en posición sedente y tendida, en las que hay menos tensiones debidas a la gravedad; y en situación dinámica como el efectuar ciertos “ejercicios”, el modo de caminar y de ciertos movimientos expresivos. Y cómo maneja su propia energía en la relación con el terapeuta y consigo mismo a propósito de su centro y eje de gravedad. Para ello también he elaborado un protocolo sistematizado. En el transcurso de esta sesión se efectúan también unas fotografías que favorecen la devolución de lo observado en el conjunto de la sesión y como material comparativo y de referencia en el proceso terapéutico que le sigue.
         Este es el corazón del proceso diagnóstico en bioenergética, con ello el terapeuta tiene unos datos valiosos del tipo de defensas y de las vivencias infantiles dolorosas que el cliente ha fijado en su cuerpo y que determinan su modo de encarar la vida y las relaciones desde la infancia y adolescencia hasta la actualidad.


Técnicas y procedimiento terapéutico


         Es básico en la Terapia Bioenergética lograr la integración del cuerpo y la mente en una unidad dinámica. Si alguna o algunas de sus funciones corporales está bloqueada o muestra segmentos o zonas con limitaciones, las demás funciones quedan también limitadas por falta de energía o forzadas a actividades no integradas o compensatorias. Así que todas las técnicas que se integran en la terapia bioenergética deben tener como fin lograr la plena integración de la persona, y, no sólo, las funciones cognitivas o musculares como en ciertas terapias cognitivistas y técnicas de masaje o ejercicios gimnásticos sin tener encuentra la integridad de todos los procesos que configuran al ser humano.
Luis Pelayo

En la descripción de las técnicas terapéuticas que utilizo no me limitaré a las clásicas de Lowen y Pierrakos. Añado las que, procedentes de discípulos de ambos, entre ellas las que de mi terapeuta y formador, Luis Pelayo, he integrado y las que he ido desarrollando e integrando por mí mismo en los años que llevo como terapeuta bioenergético.
      
         Para que un proceso terapéutico sea eficaz debe incluir al proceso personal individual que permite la elaboración profunda, con el proceso personal en grupo, que permite una experimentación más intensa.
         Por ello todos estas técnicas y procedimientos se pueden aplicar, así como el diagnóstico, en situaciones de terapia individual y grupal.



   

La Respiración

        
         Anteriormente he hablado del significado bioenergético de la respiración, pero como instrumento técnico podría decir que era la principal técnica que utilizaban Reich, Lowen y Pierrakos. Se observa si la respiración es profunda o superficial y qué partes del cuerpo participan en ella o lo constriñen y bloquean.

         La respiración es una función de vida en la que se absorbe del aire los gases necesarios para el metabolismo y expele aquellos que son inútiles y que obstaculizan las funciones vitales.

         La respiración debe ser amplia y profunda; la mayoría de la gente la tiene restringida y segmentada como ya dije antes. Un factor externo que la limita es la contaminación atmosférica, por eso es tan vigorizante estar en un ambiente puro y natural. Pero también se limita por procesos y emociones internas como la tristeza, el miedo, la rabia o la frustración de necesidades básicas como la privación de alimento, la falta de calor, de seguridad, amor y cuidados, especialmente en la infancia y en la adolescencia; quedando desde entonces fijada.

         La respiración, aunque tiene la posibilidad de modificarse conscientemente, es una función inconsciente que depende y se regula por el sistema nervioso autónomo en los seres animales.

         Al actuar con procedimientos emocionales, expresivos y manipulativos sobre la respiración se logra que ésta se profundice y sea fluida, con lo cual las funciones fisiológicas como la circulación de la sangre, la digestión y el tono general del cuerpo mejoran. La percepción se hace más amplia y el pensamiento es más claro.
         Este fenómeno también se manifiesta de forma tradicional en las antiguas tradiciones religiosas de Tibet, China, Japón, India, y de comunidades nativas de Norte, Centro y Sudamérica para activar la energía, concentrarla y elevarse a lo trascendental; que se han divulgado en Occidente a través de artes marciales, tai-chi, Yoga y diversas técnicas corporales de meditación y contemplación. 

         A través de la auto y hetero observación  (observarse a sí mismo y serlo por otros) de la propia respiración se da cuenta el cliente de qué limitaciones le restringen; y al contactar con ellas, profundizando en su ser, surgen emociones, sentimientos acompañando recuerdos pretéritos y aún neonatales.

         La respiración también suele explorarse y vivenciarse sonoramente, observando cuál es la expresividad del sonido y voz y qué sonidos manifiesta. Para activarla, unas veces hay que actuar en la pelvis y las piernas, otras en el tórax y aún atrás en la cabeza.

         Obtener la capacidad de responder al sentir propio al respirar es el primer paso hacia el contacto y descubrimiento interior, de aquí surgen evidencias de cambios de intensidad de energía en zonas con nuevas sensaciones y vivencias.

         La respiración puede acompañarse de contactos suaves y cariñosos, e incluso con diversas intensidades de presión a fin de que el cliente se haga consciente de su rigidez torácica tanto al inhalar como al exhalar, y descubra a través de la sensación, el sentir y la emoción qué significado existencial tiene para él. De este modo, con estos contactos, se facilita que pueda abrirse y entregarse al fluir respiratorio explorando cómo afecta a su libertad y afectividad actual.
         También mediante el rodillo bioenergético y el taburete se trabaja el abrir la respiración en la expansión de la propia presencia y asertividad.


Los ejercicios bioenergéticos


         El  término “ejercicio” es algo discutido entre los bioenergetistas, aunque es el que utilizaba Lowen y Pierrakos para ver y quitar las tensiones del cuerpo, aumentar la energía del mismo y así promover el buen ejercicio de todas las funciones del organismo: físicas, emocionales, intelectuales y trascendentales.
         Difieren de los ejercicios gimnásticos y atléticos por su base teórica y finalidad. Los ejercicios bioenergéticos tienen la función de diagnosticar los problemas psíquicos que originan las tensiones, aumentar la energía vital y trabajar expresivamente para resolver los problemas psicológicos que dieron lugar a las tensiones; y así, el cliente, logrando mayor efectividad en sus funciones pueda gozar plenamente la vida.
         Los hay originarios de Reich y discípulos para desbloquear los siete segmentos, uno por uno desde el ocular al pélvico. Ellos los llaman “actings”.

         En bioenergética  se recomienda empezar a trabajar por los pies y se asciende hacia la cabeza para evitar que se acumule mucha energía en la cabeza y pueda producirse problemáticas ideacionales e incluso psicóticas por no tener salida la energía por los pies al estar bloqueadas las partes inferiores del cuerpo.
         En mi práctica el orden es secundario, orientándome conforme a aquellas manifestaciones de mayor tensión y bloqueo, y que tienen más directamente relación con el momento vivencial del cliente en el aquí y ahora.

         La finalidad del ejercicio bioenergético es favorecer la toma de contacto y suscitar la vibración y la motilidad natural.

         Los ejercicios clásicos bioenergéticos se clasifican por las siguientes funciones:
a)      Toma de tierra
b)      Respiración
c)      Activación energética
d)      Sexualidad
e)      Auto expresión y
f)       Toma de contacto.

         Y se pueden hacer en diversas posturas: de pie, sentado, tendido, sobre aparatos; o en series o acompañados de masajes y otras manipulaciones.

         Muchos de los ejercicios se proponen como actividades que refuerzan la terapia en la cotidianeidad del cliente, y  que puede aplicarse a su acontecer diario según necesidades y situaciones personales o como sugerencia o tarea propuesta por el terapeuta para facilitar y favorecer e incluso acelerar el proceso terapéutico. Aún con esto, los ejercicios no pueden sustituir a la terapia; son meros instrumentos de la misma.


Los masajes

         Es una maniobra muy importante en bioenergética, ya Reich lo usaba en la vegetoterapia. Se utiliza para suavizar tensiones en partes del cuerpo que no se movilizan y no pueden permitirse la vibración de la motilidad, e incluso la sensibilidad con la respiración o los ejercicios bioenergéticos.

         Hay varias clases de masaje y muchas técnicas para darlo. En general se puede dividir en dos categorías:
-          El masaje suave para suavizar la rigidez general y dar calor y energía.
-          El masaje fuerte, intenso, para disminuir o quitar tensiones que hay en distintas partes del cuerpo, y aflojar la fascia que envuelve todo músculo y conjunto de músculos limitando su movimiento natural e impidiendo el flujo de energía por todo el cuerpo.

         Así, con la aplicación del masaje suave o profundo, o incluso combinando se hacen aflorar los problemas psicológicos que se han hecho inconscientes  favoreciendo su expresividad en el aquí y ahora, y combinándolo con la respiración y el centramiento, explorar el significado que han tenido y aún tienen en el terreno existencial. Así se puede profundizar y regresar a experiencias adolescentes, infantiles, en incluso neonatales y uterinas que dieron origen a los problemas emocionales.

         El masaje suave y empático llena la necesidad de contacto y cariño activando el abrirse al mundo y a un futuro esperanzador de amor y aceptación. Ayuda a abrir y suavizar la coraza férrea de algunos clientes para quienes el contacto suave supone una amenaza porque nunca lo obtuvieron en la vida.
         El masaje profundo, fuerte, permite contactar además con los sentimientos de miedo, tristeza, dolor y rabia que suscita.
         Muchas veces al trabajo con masaje fuerte le sigue uno de tipo suave.
         Hay, incluso, un masaje sumamente suave que, más que contacto físico, es uno puramente energético y que en ciertos momentos puede llegar a disolver una tensión y bloqueo, como lo aplica y expone Eva Reich, hija de W. Reich.

         Sucede frecuentemente que, al suavizar una parte del cuerpo, o aflojar la fascia que limita el movimiento de la musculatura, aparezcan sentimientos reprimidos y junto a ellos acudan a la mente recuerdos de situaciones en las que esos sentimientos fueron reprimidos. Si tal sucede, el proceso terapéutico exige que se enfatice esos sentimientos con ejercicios o actitudes bioenergéticas, y que lo manifieste y exprese libre y espontáneamente. Se alienta y anima a que no lo controle ni inhiba, sino que se entregue a vivirlo lo más plenamente posible; y si es oportuno se elaboren en el momento hacia capas de experiencias más internas que las conviertan en liberadoras y positivas. Esto son las “abreacciones”.
         Después de la experiencia con los masajes y de la abreacción, si la hay, es necesario que se elabore lo sentido y vivido, y se correlacione con las dificultades actuales y/o históricas tratando de dar con su significado vivencial.

         El contacto intimo entre terapeuta y cliente, de cuerpo a cuerpo produce fácilmente una transferencia positiva o negativa tanto al cliente como al terapeuta. Esto es natural. Estas transferencias también son herramientas útiles para el trabajo de elaboración y resolución de conflictos a través de la expresión de los sentimientos apropiados.

         El masaje bioenergético es siempre útil en la terapia, pero casi se hace indispensable cuando hay tensiones en partes del cuerpo que no se movilizan mucho con los ejercicios como son la parte alta del cráneo, la base del cráneo, la frente, la boca, las mejillas y el cuello.

         Un fenómeno que suele ocurrir especialmente con los masajes, pero también en ejercicios y otras técnicas es que la tensión que disminuye en la zona de aplicación se traslade a otra zona relacionada energética y personalmente con la primera; con lo cual, el terapeuta alterará el masaje produciéndole cambios o desplazamientos según conveniencia del momento.

         El proceso terapéutico es un trabajo de cooperación mutua. El cliente no es pasivo (por eso no lo llamo paciente), ni el terapeuta el que cura. Se trata de que ayude al cliente a independizarse de él y a valerse por sí mismo sin necesidad de recurrir a la terapia de por vida. Por lo tanto le propondrá tareas terapéuticas  tales como respiraciones, ejercicios e investigaciones personales en su hogar y vida cotidiana que pueda ayudarlo a tomar consciencia de sus problemas, de su origen y su posible solución sin necesidad del terapeuta. Aunque, después, lo exponga con sus resultados vivenciales en la sesión de psicoterapia. Así, el cliente, se entrena en aplicarse recursos terapéuticos útiles que contribuyen a su autorregulación energética y a su autorrealización como finalidad existencial.


La Meditación


         Es un poderoso instrumento para ponerse en contacto con los sentimientos, mociones y experiencias de la vida que fueron reprimidas por amenazas y actitudes o castigos corporales o no de los padres y personas significativas de su vida; y en el ambiente social, cultural y religioso en que se desarrollaron. También permite contactar con promesas existenciales que después se olvidan, pero que movilizan  y dirigen la energía a una finalidad ligada con el ego. La meditación, aun no siendo un procedimiento genuino de la bioenergética, es un instrumento eficaz que permite ponerse en contacto con el pasado doloroso y amenazador vivido y reprimido.

         En muchas ocasiones surge espontáneamente mientras el cliente respira conectadamente con el fluir de sensaciones y sentimientos, suprimiendo toda actividad física y mental, adentrándose en un estado “alfa” e incluso más profundo. Otras veces se sugiere como actividad por sus efectos terapéuticos y cómo no, como tarea fuera de sesión de terapia.

         La meditación produce en el cerebro una actividad bioeléctrica que ayuda a conectar la actividad de ambos hemisferios cerebrales y hace más fácil la integración del consciente y el inconsciente. La meditación activa y fomenta la intuición y la empatía. La técnica llamada “recapitulación” expuesta por Carlos Castaneda se ajusta muy bien al proceder bioenergético, así como la técnica denominada "holotrópica”, más visionaria, ideada por S. Grof;  resultan muy valiosas.

         Tras la meditación, en Terapia, se hace oportuno la manifestación de lo vivenciado, con lo que el terapeuta escucha y acepta empáticamente la exposición del cliente, sean sentimientos, recuerdos o visiones y símbolos que indican qué fenómenos se resuelven, cuáles motivan, qué intuiciones aparecen, qué sugerencias existenciales se plantean y qué hace internamente con su energía.

         A veces es oportuno que ambos mediten juntos y se intercambien las vivencias relacionadas con el proceso terapéutico. Esta comunicación  discreta y prudente da al cliente la confianza de que también puede superar sus limitaciones y problemas como lo ha hecho y continúa haciéndolo el terapeuta. Así se da cuenta que el terapeuta es como un hermano o amigo que va unos pasos por delante suyo apoyándole en el desafío de superarse y resolver los conflictos.

         Las modalidades y posturas para la meditación pueden ser muy diversos, suelen producirse espontáneamente incluso en actividades físicas como el correr o saltar, en la danza libre, en posición de pie, sentada, tendida, etc. Comúnmente, cuando se efectúa conscientemente, suele realizarse en posición sentada o tendida por facilitar la eliminación de tensiones posturales.

         En el intento de meditar, la dificultad en producir el silencio interior nos indica que existen impedimentos para ponerse en contacto con sus sentimientos, emociones y sensaciones corporales. Las defensas neuróticas están muy vivas. Entonces es necesario recurrir a las técnicas bioenergéticas típicas.


Los sueños



         Otro recurso muy eficaz en bioenergética es el uso de los sueños y de las fantasías libres y espontáneas. Esta técnica está muy próxima a la de la respiración y la meditación ya expuestas.

         En el sueño se producen ondas alfa como en la meditación. En este estado de relajación cerebral y mental, la energía vital empieza a fluir libremente por todo el organismo; pero al toparse con los filtros y barreras de la coraza muscular que, aunque relajadas, no desparecen, el sistema de sensaciones del cuerpo (sistema propioceptivo) envía información a la parte cerebral que ha creado esa barrera (cerebro interior y cortex exterior) por medio del sistema nervioso autónomo en sus ramales simpáticos y parasimpáticos e incluso con el refuerzo hormonal.
         Así se promueven escenas vinculadas a la infancia que son inconscientes y por tanto quedan fuera de la percepción normal debido a la coraza muscular.

         En los sueños hay diversos elementos, pero los tres más próximos son:
-          El material procedente de actividades y sucesos de los días inmediatos anteriores.
-          El elemento latente que proviene de experiencias de la infancia desagradables, peligrosas o placenteras, pero que han sido reprimidas por padres y educadores.
-          El material existencial procedente del Yo y el Self del cliente.

         Se producen combinaciones caprichosas de estos elementos y suele predominar uno sobre los otros; así se pueden clasificar los sueños como: restos diurnos, satisfacción alucinatoria de deseos y sueños existenciales; según el material dominante de su contenido.
En todo caso, cada tipo caracterial da una característica típica a sus sueños. Y a través de ellos se puede seguir la evolución del proceso terapéutico y el grado de contenido interno y de flexibilidad e intensidad energética que dispone.

         Pido a mis clientes que anoten el sueño en forma telegráfica al despertarse, a fin de que no se olvide. Después este telegrama se amplía en el relato durante la sesión de psicoterapia; se hace en presente y en primera persona. El contenido del sueño se puede dramatizar, se puede utilizar como estímulo de partida  de otro sueño despierto en el mismo marco referencial que el anterior y que en su transcurso quite lo que le inquieta sustituyéndolo por algo satisfactorio. Cuando lo realice, le pido que lo exprese en presente y compare ambos sueños visualizando soluciones y comprensiones.

Las fantasías


         Las fantasías espontáneas acuden al cliente estando relajado y tranquilo. Tienen los mismos elementos que el sueño: un elemento latente que proviene del inconsciente y un elemento simbólico que lo remite y oculta discretamente con recuerdos de actividades y experiencias recientes.

         Las fantasías espontáneas son como soñar despierto; hacen referencia a los traumas de la infancia o se presentan como compensaciones de esas experiencias. Después se elaboran o dramatizan. El trabajo con fantasía hace a cada uno más  consciente de los traumas de la infancia y del modo como inconscientemente se disfraza y oculta.

         Un recurso que también utilizo según las características de algunos clientes es la “fantasía guiada” y aún el “viaje psíquico”, unos estados fronterizos entre fantasías, sueños y meditación que amplían el nivel de conciencia y de por sí son experiencias muy reveladoras, pero se adentran en el terreno existencial y transpersonal, del que hablaré en la Ontoenergética.



Naturaleza del trabajo psicoterapéutico bioenergético



         La psicoterapia bioenergética consiste en apoyar al paciente a reconstruir y recuperar su genuina identidad, desembarazándose de sus miedos y de sus inhibiciones inconscientes heredadas de su historia personal, en especial en la etapa infantil y adolescente.
            Es un trabajo de percepción, de tomar consciencia, de descubrir; percibir lo que pienso e imagino, lo que siento como sensaciones y emociones, lo que experimento, lo que deseo, quiero y necesito, y su congruencia entre sí. Asegurar que soy una unidad de consciencia que vive es afirmar el “yo” y comprometerse en lo que percibe, percibir es un acto energético-cognitivo que reposa en el cuerpo que informa de forma continua sobre las excitaciones, sensaciones y sentires que nacen y se desarrollan.

         Cuando decimos “siento tristeza” o “estoy hambriento” expresamos la convicción que somos lo que sentimos, En este sentido cuerpo y ser son una unidad y nuestras necesidades y deseos determinarán la orientación y destino de nuestras acciones. Nuestra identidad reposa en nuestra capacidad de formar e integrar en la consciencia todo cuanto nos acontece interior y exteriormente, y formular respuestas que aseguren nuestro bienestar, nuestra satisfacción y nos aparten o alejen de las amenazas e insatisfacciones. De todo ello creamos y elaboramos una imagen de nosotros mismos que trabaja integrando imágenes, pensamientos, ideas y creencias. Esta imagen que acumula y relaciona imágenes la denominamos “Ego” y “Yo mental” y cuando nos referimos a ella en nosotros la asimilamos con el pronombre personal “yo...”. Se trata del inventario de todo cuanto somos y el archivo de todos los juicios, acuerdos y creencias que hemos recogido a lo largo de toda nuestra existencia hasta el momento.

         Además de estas dos ópticas de interpretar el “darse cuenta” hay una tercera que, siendo de un nivel más interno, sutil y profundo, hace de “testigo” de las otras dos. Testifico sobre lo que pienso, siento, experimento, etc. Es el “Self” o núcleo existencial de nuestro ser que, aunque está vinculado a nuestra existencia corporal, opera a un nivel eminentemente energético y enigmático constituyendo el meollo de nuestro sentido existencial y el objetivo último de la anhelante búsqueda de cada cual de dar con el sentido personal del propio existir. Digo que opera en el límite de lo biológico y energético porque, en algunas de sus manifestaciones, desafía el  paradigma espacio-temporal, constituyendo un inescrutable misterio en nuestro ser. La aproximación a esta instancia es el núcleo esencial en la Ontoenergética.

         Pero es el “Yo corporal”, la identidad vivida propia y no la imagen de mi identidad o definición de mi (Ego), el objeto de la Terapia Bioenergética, contribuyendo a resolver las tensiones musculares y así, expandiendo la conciencia corporal de uno mismo y el traducir la experiencia corporal mediante imágenes y representaciones verbales, modifica y sustituye viejos modelos definitorios y grupos de creencias asentadas en percepciones pretéritas y no actuales hoy por hoy.

         El cliente en bioenergética debe partir del heterodiagnóstico del terapeuta y llegar a un autodiagnóstico. Es el que tome consciencia y experimente este descubrimiento de dónde está consigo mismo y con la salud, ya que su curación en la psicoterapia depende, intensamente, de las actitudes y vivencias hacia sí mismo.

         El atractivo de la bioenergética es que del cuerpo vivido como terapéutico surge el cuerpo vivaz, saludable y abierto. Esto lleva a una forma de conocimiento. El cuerpo es el gran protagonista, pero no lo absoluto. Es un elemento más del sistema humano.

         El proceso terapéutico bioenergético no es fácil ni está exento de impresiones peligrosas. Enfrentándose el cliente con sus miedos inconscientes, a pesar de su sincero deseo de vencerlos, se resistirá. Estas resistencias se expresan de dos maneras: mediante la resistencia del carácter y la transferencia.

         La Resistencia Caracterial: Es el conjunto de nuestras actitudes que, de por sí, escapan a nuestra percepción crítica al ser consideradas como parte de nuestra identidad. Estas actitudes, arraigadas firmemente son diferentes, e incluso opuestas a lo que sentimos interiormente y de lo que pensamos. Es un mecanismo inconsciente que puede bloquear el tratamiento. Actitudes sumisas que esconden hostilidad y rebelión; actitudes críticas que esconden necesidad de contacto afectivo, actitudes salvadoras que esconden deseos de aprobación, actitudes victimistas que tapan el deseo impotente de atención, etc. Cuando los impulsos que se encuentran ocultos en las actitudes están a punto de expresarse se produce un refuerzo de la tensión y postura defensiva, pudiéndose aumentar los síntomas e incluso hacer pensar que se recae o empeora. Este temor a lo desconocido y a ser vulnerable bloquea los impulsos emocionales que emergen y rechaza abandonarse a experimentar y expresar.
         Es típico de esto decir “No siento nada” o encolerizarse a fin de evitar sentir o abrirse a llorar. La toma de consciencia y la comprensión de esta función de la resistencia en la relación terapéutica permite que el proceso terapéutico siga adelante. Si no puede solucionarse, la terapia se interrumpirá. 

         La Transferencia: Aquí tenemos la otra forma de resistencia. Hace referencia al hecho de que en el cliente hay impulsos infantiles rechazados tales como deseo de ternura, amor, enojo, miedo, etcétera, que se ocultaron de su expresión directa hacia los progenitores en el modo de relación con ellos; y luego siguen expresándose inconscientemente de igual modo en la relación terapéutica. Toma al terapeuta  como el  objeto para su obtención y/o descarga, como antes lo fueron los padres. Evidentemente lo confunde con el/la protagonista de la situación infantil en la que el sentimiento o impulso infantil fue rechazado o no atendido.
         Así, el cliente espera una respuesta del terapeuta como si éste fuera realmente el protagonista de la historia pasada. Esto se debe trabajar a fin de que el cliente pueda percibir, darse cuenta y tomar consciencia d su historia personal a la luz del aquí y ahora.

         Una expectativa transferencial muy corriente y resistente a su eliminación es la creencia de que el terapeuta es “alguien que le va a quitar o curar su problemática o mal vivir”. Y de que esto debe realizarse con resultados objetivos inmediatos a corto plazo (semanas o pocos meses). He aquí el influjo mecanicista, deshumanizado, de una creencia muy arraigada de nuestra posición cultural post-industrial en el mundo de la tecnología de la información y de la medicina actual plenamente sintomática. No somos cuerpos y mentes en manos de un mecánico, ni se trata de extirpar partes del psiquismo para funcionar “normalmente”. Se trata de saber qué somos y orientarnos a vivir la vida con pleno significado. Nunca un buen terapeuta bioenergético compartirá esta creencia que reduce  a su cliente a un funcionamiento mecánico o informático, o a un asunto de productividad e incluso de adaptación al sistema. No es función del terapeuta adaptar a sus clientes a la cultura, sino a contribuir en el intento de liberar, expandir y realizar el derecho y hecho de manifestar quién verazmente es, sin someterse a ninguna definición; pero sí desarrollar una espontánea capacidad de adaptarse y moverse flexiblemente dentro del laberinto de los condicionamientos de la cultura imperante en su contexto dinámico y dialéctico.

         El análisis de la transferencia, bajo todas sus formas, y hay muchas, aumenta la consciencia del cliente y le permite salir del juego de expectativas y deseos de dependencia irreal respecto a su terapeuta..., hasta la siguiente manifestación transferencial.

         En el sentido de la transferencia del terapeuta hacia su paciente, la llamada “Contratransferencia”, se impone al terapeuta un dominio y autodisciplina respecto a sus relaciones personales (un desapego personal), ya que su propia terapia personal y formación le han proporcionado resolver muchas de las demandas frustradas históricas y cicatrizar sus heridas, así como contener las sensaciones, emociones y pensamientos relacionados con el Ego que le haga experimentar la relación terapéutica con su cliente. El dominio de la contratransferencia es también por tanto, la forma espontánea, libre, flexible y creativa por la que puede encauzar estos sentimientos egotistas y utilizarlos así para comprender y apoyar a su cliente.

        La relación terapéutica es una relación humana, intensa, profunda, particular, no común en la vida cotidiana que tiene en sí el contacto humano, empático y comprensivo, pero también veraz de una relación auténtica.

                                                                           Ernesto Cabeza Salamó